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Posdata: te quiero
Holly y Gerry parecen el matrimonio perfecto, se quieren con locura, saben superar sus diferencias. Pero... El cáncer mata a Gerry. Y la viuda Holly no admite consuelo, está hecha fosfatina, se siente incapaz de salir de casa, distraerse o lo que sea, a pesar de los esfuerzos de sus dos mejores amigas y su familia. Para colmo, algo contribuye a que Holly no pase la página de Gerry demasiado rápido. Resulta que su amado esposo, antes de morir, dejó organizado una especie de juego para ella, como una gimkana romántica y sentimental que debería ayudarle a encauzar el resto de su vida. De modo que Holly empieza a recibir mensajitos y regalitos, que sirven para recordar los mejores momentos en común, el modo que se conocieron, etc., servidos con ¿oportunos? flash-backs. Lo que no está claro es que dicho plan ayude a superar la pena. Desde luego la madre de Holly más bien piensa que aquello es regodearse en el dolor.

Pillé la película 2 ó 3 minutos empezada y me quedé a verla porque vi a Hilary Swank. Es una actriz de la que he visto pocas películas pero me gusta su trabajo, aunque en este drama romántico no termina de cuajar, ni ella ni la película.
Hablando de escenas, hay una que denota el detalle de la dirección artística, se desarrolla en un camino en irlanda. Hilary Swank lleva una gorra del mismo color morado que las flores que rodean el camino. Queda genial.