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lunes, 20 de agosto de 2012

Une pequeña exposición de Mingote que no hay que perderse


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Al principio, dijo Antonio Mingote, la gente eran sólo dos. Aparentemente ya no estaba solo pero Mingote dejó al ser humano desamparado y atónito y perplejo en múltiples ocasiones, no por maltratarlo si no por manifestar la desdicha humana que marca a diario nuestra existencia. 

En "Hombre solo", que apareció por primera vez en 1970, se convirtió en una auténtica proclama filosófica, Antonio Astorga, gran conocedor de Mingote, escribió que “La soledad es para Mingote pura circunstancia, que puede ser enriquecedora (para algunos privilegiados) o perturbadora (para el resto de los mortales). Solos, atónitos, perplejos, en esos hombres fieramente humanos Mingote traza la extrañeza y el extrañamiento ante un mundo inquietante y dramático” Y el propio Mingote sostenía “que en medio de la gente, inmerso en la multitud, es donde la soledad es más hiriente”. 
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Ahora, poco después de su fallecimiento, seleccionamos algunos de aquellos dibujos desconcertantes que provocan la sonrisa resignada y condescendiente de quien los mire, encogiéndonos un poco el estómago al percibir que algo de esos personajes puede ser nuestro propio reflejo. Mostrando nuestra atónita y perpleja soledad, deseada y detestada, pero siempre presentes en nuestras vidas. 

Las piezas que se presentan en esta pequeña exposición fueron realizadas en un amplio margen temporal, desde los años 60 a los años 90, más de un cuarto de siglo para escudriñar y documentar la permanente soledad del hombre. Todos los dibujos fueron publicados en la revista Blanco y Negro, formando parte de diferentes series y secciones que Antonio Mingote fue alimentando durante 60 años y ahora se conservan en el Museo ABC de Madrid. La pertinaz presencia del hombre solo sobrevoló toda la obra del genial dibujante que desde los años 70 publicaría varias obras centradas en ese tema. 

Sirva este breve repertorio de filosofía, dibujo y humor para despertar aunque sea la más leve de las sonrisas en los hombres y mujeres, solos o acompañados, que las contemplen.

Inmaculada Corcho 
Directora Museo ABC

Texto tomado del díptico de información.
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No llegan a 40 los dibujos que se exponen en esta pequeña exposición del IVAM junto con el Museo ABC, pero son más que suficientes para admirar la genialidad de Mingote. Muchos no tienen título, sólo la descripción técnica de los materiales y la fecha pero no les hace falta, lo importante es el dibujo y toooooodo lo que va detrás, que parece poco pero no lo es.

Creo que esta exposición es el ejemplo de esas que hay que ver una y otra vez para sacarle todo el jugo.
Yo lo voy a intentar, hay de tiempo hasta el 23 de septiembre.
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Altamente recomendable.
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viernes, 4 de mayo de 2012

Arturo Pérez-Reverte habla de Mingote

Arturo Pérez-Reverte 
(@perezreverte)
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Artículo del próximo domingo finanzas.com/xl-semanal/fir…

La percha de Mingote

Una tarde de hace nueve años, mientras esperaba en mi entonces mesa habitual del café Gijón a que los miembros de la RAE votaran sobre mi candidatura, uno de los viejos camareros, que me conocía desde que entré por primera vez en el café siendo un jovencito imberbe, me dijo: «Hubo un tiempo en que tener una silla reservada aquí era más importante que tener un sillón en la Academia». Y tenía razón. Pero lo que pude averiguar más tarde, una vez dentro, es que había algo aun más importante que un sillón con tu letra en la sala de plenos, e incluso que una mesa reservada en el Gijón: el perchero del vestíbulo de la RAE, con sus perchas de bronce y su bastidor de madera con huecos para el bastón o el paraguas. 

Tanto me asombró el descubrimiento, que a las pocas semanas le dediqué un artículo en esta misma página. El perchero de la Academia, se titulaba. En él explicaba su protocolo centenario: cada académico tiene su percha, identificada con el nombre, y debajo encuentra los jueves el correo que recibe. Las perchas, excepto la del director, se asignan por orden de antigüedad. Y con el paso del tiempo, los académicos que mueren dejan su lugar vacante; de manera que los que vienen detrás avanzan percha a percha. Las vacantes deberían producirse entre los académicos de más edad, pero no siempre es así. Nombres de venerables abueletes ocupan desde hace décadas algunos de los lugares más antiguos, enrocados allí mientras compañeros más jóvenes se quedan por el camino. Son loterías de la vida, registrada puntualmente en ese viejo marcador que nos recuerda, cada jueves, cómo, cada uno a su paso, nos encaminamos todos a la muerte. En lo que a mi nombre se refiere, en noviembre del 93, cuando escribí aquel artículo, ocupaba la penúltima percha, entre Margarita Salas y José Manuel Sánchez Ron. Hoy tengo diecisiete por detrás. 

El último hueco en el perchero me ha dejado en el corazón un agujero del tamaño de un disparo de postas: Antonio Mingote era uno de los hombres más afectuosos y cabales que conocí en mi vida. Uno de esos venerables abuelos a los que antes me refería, y que dan a la Academia el tono, el prestigio y la solera. Sobre Antonio se ha dicho tanto en las últimas semanas -algunas veces España deja de ser madrastra ingrata y hace justicia a los mejores,- que insistir aquí sería remachar lo obvio. Pero no puedo dejarlo irse sin más. Desde que entré en la RAE formábamos parte de la misma comisión del Diccionario, la de Ciencias Humanas; y cada jueves, antes del pleno, nos reuníamos para revisar las definiciones que esa semana tocaban en suerte. Su bondad extrema, su fina caballerosidad, los ejemplos gráficos que garabateaba en los márgenes de las definiciones -conservo como un tesoro el dibujo de la palabra canalillo-, lo hacían entrañable. Silvia, la guapa filóloga de nuestra comisión, lo amaba en secreto. O sin él. En realidad lo amábamos todos. 

La comisión. No pueden imaginarse lo atrozmente viejo que puedo sentirme estos días, al asistir a ella. Lo incómodamente superviviente, cuando después de colgar mi mochila en el perchero compruebo que la tarjeta con mi nombre se ha movido de nuevo, avanzando otro puesto. Cuando entro en la salita donde nos reunimos, veo desocupado el lugar de Antonio Mingote y pienso en los huecos que he visto producirse en torno a esa mesa: el queridísimo Antonio Colino, el sensato Castilla del Pino, el muy fumador Ángel González, el excéntrico almirante Álvarez-Arenas, a quien cada tarde saludaba cuadrándome con un taconazo que él agradecía con una sonrisa guasona de sus ojos azules... Sólo dos de quienes hace casi una década me dieron la bienvenida siguen en esa comisión: Gregorio Salvador y José Luis Sampedro. Los otros, Javier Marías entre ellos, vinieron después. Sampedro acude siempre que la salud se lo permite, pero el veterano Gregorio no falla nunca. Está allí jueves tras jueves, ejemplo de académicos perfectos, dando tono y magisterio. Él y unos pocos más son los últimos nombres legendarios de aquella Academia en la que ingresé tímido y de puntillas, pidiendo perdón por hacerlo. Todavía lo pido cuando me siento en la comisión del Diccionario, a la derecha de Gregorio Salvador -a la izquierda se sentaba Mingote-, y lo miro respetuoso, como un fiel perro de caza miraría a su amo, esperando el dictamen docto, la autoridad definitiva sobre esto o aquello. En la RAE quedan pocos de los grandes; aunque, por suerte para quienes hablamos la lengua española, allí siguen. Y todavía se les escucha, para irritación de analfabetos e imbéciles. Después, que corra el perchero y el diablo nos lleve a todos.
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viernes, 27 de abril de 2012

La negociación PP-ETA

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Dicen que las políticas penitenciaria y antiterrorista no cambian, pero entonces ¿cómo anuncian un nuevo plan?
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¿Para qué decir nada si Mingote ya lo dijo todo y mejor?
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martes, 17 de abril de 2012

No sé con cuál quedarme

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Cuanto más miro las fotografías de la Puerta de Alcalá más dudas me entran.
No sé, no sé...
La de  Mingote o la otra.
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Miralá, miralá, miralá... cantaba Ana Belén, yo lo hago pero no me decido.
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En cualquier caso:
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¡SALUD!
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miércoles, 4 de abril de 2012

Antonio Fraguas, Forges, sobre Mingote

Último trazo del maestro del humor 
Antonio Fraguas - Madrid 03-04-2012 


En un país tan acostumbrado a las trincheras, la muerte del humorista Antonio Mingote, fallecido ayer en Madrid a los 93 años, supone la desaparición de una de las pocas personalidades que se fajó en el perdido arte de tender puentes. Con el arma de la ternura, el dibujante, novelista y académico de la lengua, supo poner ante los ojos de los pudientes realidades que estos no querían ver. Su trabajo consistía, según dijo en una ocasión, en razonar hasta más allá de lo razonable. Despojar de la hojarasca que envuelve las cosas hasta hacerlas cómicas. 


El lamento de sus compañeros de profesión se dejó sentir ayer unánime. José María Pérez, Peridis, destacó sus valores personales, su tolerancia y caballerosidad: Es el humorista que más ha cohesionado este gremio. Conectó la generación de la posguerra con la de la Transición. 


Fue tras la contienda y después de pasar por la Academia Militar de Guadalajara y la Universidad de Zaragoza (su familia era de origen aragonés) cuando Ángel Antonio Mingote Barrachina (Sitges, 1919) se trasladó a vivir a Madrid, ciudad de la que llegó a convertirse en ilustre vecino. Tanto, que en los ochenta el regidor Enrique Tierno Galván le nombró alcalde honorario del Retiro. En los Jardines de Cecilio Rodríguez de este parque por el que tantas veces paseó Mingote (llegó incluso a vestirse de guarda del mismo) fue instalada ayer la capilla ardiente que permanecerá abierta hasta las siete de esta tarde. 


En Madrid pintó fachadas, grabó placas, diseñó vestuarios y, en definitiva, dejó su impronta en mil superficies. Su estilo ha llegado a ser un rasgo inequívoco de lo castizo, a la altura de Arniches o Jardiel Poncela. De esta ciudad extrajo además sus personajes. Galanes, criadas, mozos de cuerda, damas de la burguesía y, especialmente, los pobres: unos desharrapados de incansable lucidez. El retrato de este paisanaje es calificado por sus colegas como magistral. Era un hombre limpio, como la línea de su dibujo, señala Julio Rey (de Gallego & Rey). 


Además, en Madrid, forjó amistad con el guionista Rafael Azcona (fallecido en 2008). Si Mingote no se hizo de derechas del todo fue por Azcona, y si Azcona no se hizo completamente de izquierdas, fue por Mingote, apunta el cineasta José Luis García Sánchez, cuyo filme Los muertos no se tocan, nene (2011) tiene cartel de Mingote y está basado en una novela de Azcona. 


El humorista logró acercar posturas a fuerza de dar ejemplo. Es cierto que su carrera no se entiende sin el diario Abc, cabecera monárquica y conservadora en la que entró en 1953 y para la que realizó infinidad de primeras páginas (un raro fenómeno periodístico). También es cierto que, entre las muchas distinciones que recibió (entre otras, el premio Quevedos en 1998 y el título de Marqués de Daroca, en 2011), le fue otorgada la orden de Isabel la Católica en pleno régimen franquista. Esto no supuso una mengua en el cariño entre quienes lo trataron en persona o supieron dejar hablar a sus viñetas. 


Cuando le conocimos y vimos lo humilde que era nos dimos cuenta de que estábamos ante un genio, afirma Pachi, de Idígoras y Pachi, quien descubrió la abundante obra de Mingote (una veintena de volúmenes, entre ellos una edición ilustrada de El Quijote que tardó dos años en culminar) con el libro Hombre solo. Nos cambió la forma de pensar y de dibujar. Nos hizo querer dedicarnos a esto. Lo mismo le pasó al dibujante Ricardo: Mingote era el padre de todos nosotros.
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Jesús Maraña (@jesusmarana)
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Amistades que marcan vidas e ideologías. J.L. García Sánchez define la de Mingote y Azcona.
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A través de Twitter el ex-director de Público nos permite leer el homenaje de Antonio Fraguas Forges a Antonio Mingote.
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domingo, 17 de enero de 2010

Mingote

Hoy cumple años el genial Mingote.
91 añitos hace que nació en Sitges Antonio Mingote, y como es de allí, se siente muy español.

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El año pasado, la Biblioteca Valenciana le realizó un homenaje con una exposición, y antes, el IVAM realizó otra exposición con dibujos de toda su vida artística. El catálogo de esta segunda exposición se puede ver completo en internet, en la página del IVAM, de la que no pongo el enlace para que trabajéis un poquito.
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Vi la segunda, no así la primera de la exposiciones, pero de ésta que no vi, traigo los dos dibujos que ilustran esta pequeña anotación, uno realizado por el propio Mingote y otro, realizado por Neto, que es todo un homenaje de admiración.
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Como posodo hará una anotación del tema, más brillante pero no más corta, yo lo dejo aquí.
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