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miércoles, 24 de octubre de 2012

Para pasar un poquito de miedo


El Museo Nacional del Romanticismo ya tiene finalistas del II Certamen de Microrrelatos de Terror.

Los puedes leer AQUÍ y votar al que más te guste.

Tienes de tiempo hasta el día 26, así que no te duermas.
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jueves, 10 de marzo de 2011

Libro: En el tren

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En el tren
Varios autores
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Diseño de la portada, Dos Dimensiones S.L.
Edita Ediciones irreverentes
1ª edicion, mayo de 2001
121 páginas
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De ninguna parte, Ana María Matute
Nochebuena en el apeadero, Fernando Vizcaíno Casas
Las vidas paralelas, Miguel Ángel de Rus
La mujer descarnada, Antonio López del Moral
La belleza ideal, Pedro Antonio de Alarcón
De Perpiñán a Barcelona. De Toledo a Madrid,
Charles Davillier
En el tren, Leopoldo Alas Clarín
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En el tren, de Leopoldo Alas Clarín

El duque de Pergamino, marqués de Numancia, conde de Peñasarriba, consejero de ferrocarriles de vía ancha y de vía estrecha, ex ministro de Estado y de Ultramar… está que bufa y coge el cielo… raso del coche de primera con las manos; y a su juicio tiene razón que le sobra. Figúrense ustedes que él viene desde Madrid solo, tumbado cuan largo es en un reservado, con que ha tenido que contentarse, porque no hubo a su disposición, por torpeza de los empleados, ni coche-cama, ni cosa parecida, y ahora, a lo mejor del sueño, a medianoche, en mitad de Castilla, le abren la puerta de su departamento y le piden mil perdones… porque tiene que admitir la compañía de dos viajeros nada menos: una señora enlutada, cubierta con un velo espeso, y un teniente de artillería.
¡De ninguna manera! No hay cortesía que valga: el noble español es muy inglés cuando viaja y no se anda con miramientos medievales: defiende el home de su reservado poco menos que con el sport que ha aprendido en Eton, el Inglaterra, el noble duque castellano, estudiante inglés.
¡Un consejero, un senador, un duque, un ex ministro, consentir que entren dos desconocidos en su coche, después de haber consentido en prescindir de una berlina-cama, a que tiene derecho! ¡Imposible! ¡Allí no entra una mosca!
La dama de luto, avergonzada, confusa, procura desaparecer, buscar refugio en cualquier furgón donde pueda haber perros más finos… pero el teniente de artillería le cierra el paso ocupando la salida y con mucha tranquilidad y finura defiende su derecho, el de ambos,
-Caballero, no niego el derecho de usted a reclamar contra los descuidos de la Compañía... pero yo, y por lo visto esta señora también, tengo billete de primera; todos los demás coches de esta clase vienen llenos; en esta estación no hay modo de aumentar el servicio... aquí hay asientos de sobra, y aquí nos metemos.
El jefe de estación apoya con timidez la pretensión del teniente; el duque se crece, el jefe cede... y el artillero llama a un cabo de la Guardia civil, que, enterado del caso, aplica la ley marcial al reglamento de ferrocarriles, y decreta que la viuda (él la hace viuda) y su teniente se queden en el reservado del duque, sin perjuicio de que éste se llame a engaño ante quien corresponda.
Pergamino protesta; pero acaba por calmarse y hasta por ofrecer un magnífico puro al militar, del cual acaba de saber, accidentalmente, que va en el expreso a incorporarse a su regimiento, que se embarca para Cuba.
-¿Conque va usted a Ultramar a defender la integridad de la patria?
-Sí, señor; en el último sorteo me ha tocado el chinazo.
-¿Cómo chinazo?
-Dejo a mi madre y a mi mujer enfermas y dejo dos niños de menos de cinco años.
-Bien, sí; es lamentable... ¡Pero la patria, el país, la bandera!
-Ya lo creo, señor duque. Eso es lo primero. Por eso voy. Pero siento separarme de lo segundo. Y usted, señor duque, ¿a dónde bueno?
-Phs... por de pronto a Biarritz, después al norte de Francia... pero todo eso está muy visto; pasaré el Canal y repartiré los meses de agosto y septiembre entre la isla de Wright, Cowes, Ventnor, Ryde y Osbom...
La dama del luto y del velo, ocupa silenciosa un rincón del reservado.
El duque no repara en ella. Después de repasar un periódico, reanuda la conversación con el artillero, que es de pocas palabras.
-Aquello está muy malo. Cuando yo, allá en mi novatada como ministro, admití la cartera de ultramar, por vía de aprendizaje, me convencí de que tenemos que aplicar el cauterio a la administración ultramarina, si ha de salvarse aquello.
-Y usted, ¿no pudo aplicarlo?
-No tuve tiempo. Pasé a Estado, por mis méritos y servicios, y además... ¡hay tantos compromisos! Oh, pero la insensata rebelión no prevalecerá; nuestros héroes defienden aquello como leones; mire usted que es magnífica la muerte del general Zutano... víctima de su arrojo en la acción de Tal... Zutano y otro valiente, un capitán... el capitán... no sé cuántos, perecieron allí con el mismo valor y el mismo patriotismo que los más renombrados mártires de la guerra. Zutano y el otro, el capitán aquél, merecen estatuas; letras de oro en una lápida del Congreso... Pero de todas maneras, aquello está muy malo... No tenemos una administración... Conque ¿usted se queda aquí para tomar el tren que le lleve a Santander? Pues ea; buena suerte, muchos laureles y pocos balazos... y si quiere usted algo por acá... ya sabe usted, mi teniente, durante el verano, isla de Wright, Cowes, Ventnor y Osbom...
El duque y la dama del luto y el velo quedan solo en el reservado. El ex ministro procura, con discreción relativa, entablar conversación.
La dama contesta con monosílabos, y a veces con señas.
El de Pergamino, despechado, se aburre. En una estación, la enlutada mira con impaciencia por la ventanilla.
-¡Aquí, aquí! -grita de pronto-; Fernando, Adela... aquí...
Una pareja, también de luto, entra en el reservado: la enlutada del coche los abraza, sobre el pecho de la otra mujer llora, sofocando los sollozos.
El tren sigue su viaje. Despedida, abrazos otra vez, llanto...
Quedaron de nuevo solos la dama y el duque.
Pergamino, muerto de impaciencia, se aventura en el terreno de las posibles indiscreciones. Quiere saber a toda costa el origen de aquellas penas, la causa de aquel luto...
Y obtiene fría, seca, irónica, entre lágrimas, esta breve respuesta:
-Soy la viuda del otro... del capitán Fernández.
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Un librito rescatado de la mesa de saldos de mi librería. Dos razones me llevaron a comprarlo: el tema, el ferrocarril, y ver entre los autores seleccionados a Fernando Vizcaíno Casas; tenía curiosidad en leer su relato pues no es normal encontrar a dicho autor en estos tiempos.
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Y posiblemente sean los dos relatos, de los siete incluidos, que más me han gustado, el que he transcrito de Clarín, en tres páginas del libro ¡hay que ver la de cosas que critica! y el relato de Vizcaíno Casas.
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viernes, 18 de junio de 2010

Libro: Yo lloré con Terminator 2

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Yo lloré con Terminator 2
(relatos de cerveza ficción)
Carlos Salem
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Fotografía de la portada, de José Naveiras García
Edita Escalera
141 páginas
1ª edición, octubre de 2009
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Carlos Salem reaparece con nuevos relatos plagados de bares, humo, mujeres fuertes y hombres que no lo son tanto como aparentan. Son historias en las que los retos se toman o no, dependiendo del número de cerillas que el azar decida poner en tu mano, historias en las que siempre queda un brindis por hacer. Y en todas ellas, sin duda ejemplos vivificantes de ese género que Salem ha acertado en llamar cerveza-ficción, persiste un trasfondo de melancolía que se agarra como espuma al cuello de la botella.
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Apuntes para una teoría de la cerveza-ficción
- Primer principio de la cerveza-ficción:
No hay principios. ni siquiera finales.
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- Segundo principio de la cerveza-ficción:
No es necesario ingerir bebidas espirituosas para escribirla.
Pero ayuda cantidad.
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- Tercer principio de la cerveza-ficción:
Aunque no todo acabe en un bar, debe comenzar en un bar o referirse a un bar aunque sea en el recuerdo.
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- Cuarto principio de la cerveza-ficción:
Todo está inventado, pero nadie ha leído todos los libros que existen.
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Quinto principio de la cerveza-ficción:
La literatura es una exageración.
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Sexto principio de la cerveza-ficción:
El género no importa.
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Séptimo principio de la cerveza-ficción:
La posteridad no existe.
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Son quince, quince relatos canallas donde encontramos al boludo Salem más cínico, tierno y melancólico.
Como dice Juan Ramón Biedma: "Hace mucho que las letras españolas necesitan monjas que nos cuenten la perversión de la clausura, charlatanes de fería poseídos, maltratadores, traficantes y Carlos Salem.
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Quien no conozca a Carlos Salem se llevará una sorpresa, espero que agradable, aunque no es el libro para empezar a conocerlo.
Se saborean más los relatos cuando ya se conocen historias más largas, novelas más hechas.
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Pues ahora a por el siguiente: Cracovia sin mí.
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jueves, 22 de abril de 2010

Libro: Vida de perros

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Vida de perros
Francisco Ayala
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Edita Alianza Editorial
141 páginas
1ª edición, de 2006
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Libro que reúne 9 relatos, desde 3 páginas a alguno más extenso de casi 60.
En cada uno de ellos aparecen, aunque no siempre es el protagonista, diversos ejemplares de la raza canina, muchas veces sin especificar la raza, ni siquiera llegamos a saber sus nombres.
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Es el primer libro que leo de Francisco Ayala y debo reconocer que me ha defraudado, esperaba algo más de un Premio Cervantes. A veces las historias son insustanciales para mí. Los que me han gustado son, casualidad, el más corto, El perro baldado, y el más largo, El Tajo.
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He descubierto en El Tajo precisamente una palabra nueva, zanguango, que según la Real Academia significa, torpe, desmañado.
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Cuando me lluevan las críticas por decir que no me ha gustado Francisco Ayala quitaré esta anotación, como ha hecho el valiente Nacho Uriarte en su blog con un comentario sobre el famoso propietario de fincas y empresario hípico José Bono.
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Lo siento pero no puedo recomendar el libro.
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sábado, 18 de abril de 2009

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Asesinato en la oscuridad
Margaret Atwood
Traducción de Mª Antonia Menini
Edita Ediciones B
105 páginas
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Edición no venal con una recopilación de relatos cortos, algunos son de página y media, de la flamante Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008.
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Voy a ser corto como los relatos, el peor libro de los que he leído durante este año. Además con diferencia.
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Los relatos se suceden y yo, lo reconozco, no los entiendo.
Lo mejor, que es un regalo por comprar otros, lo peor, que he malgastado tiempo aunque buscando el lado positivo ya conozco a la autora y no repetiré.
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domingo, 26 de octubre de 2008

Los relatos de Contento del mundo


Ya puse el otro día la ficha del libro y ahora que ya lo he terminado quiero recomendarlo. Son relatos muy cortos pero con un gran contenido de mala leche.
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Un libro ideal para leer a ratos, dos o tres relatos cada vez.
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Muy bueno.
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Y como muestra aquí transcribo uno de los relatos, Cataratas:
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Tras quince años de ceguera, la señora Marcela Pazos accedió, con la promesa de ser llevada del hospital a casa el mismo día de la intervención, a operarse de cataratas. En la sala de espera de los quirófanos aguardan noticias del resultado sus tres hijos y su único nieto, Rafael Bello. Tiene trece años y desde que guarda memoria, ha sido el lazarillo de su abuela.
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Por las tardes la acompaña a misa si hace malo y al parque, si hace bueno. Allí sentados en un banco, le lee el ABC. A cambio, la abuela le hace en navidades y por su cumpleaños unos regalos espléndidos. Rafael, sin embargo, hace de destrón con agrado. No necesita regalos. Le gusta salir todas las tardes con su abuela. Es, según él, una señora elegante, educada y, sin duda, bella. Además, cuando canta en misa, demuestra una gran sensibilidad artítica.
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La señora Marcela Pazos sale por su propio pie del quirófano. Lleva los dos ojos vendados y pregunta por Rafael. Su nieto le da la mano y la guía por los pasillos del hospital hacia la salida. Su abuela lo ha llamado a él, no a sus padres o a alguno de sus tíos. Rafael lo siente como una victoria. Mientras camina por los corredores, su abuela le informa que al día siguiente, por la tarde, ya no va a necesitarlo porque podrá quitarse las vendas a mediodía.
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Al otro día, Rafael va de todas formas a casa de su abuela por si necesita algo. A las cinco de la tarde, como todos estos años pasados, llama al timbre. Sale ella misma a la puerta.
-¿Quién eres?- Pregunta.
-Soy Rafael- responde él sonriendo y mostrando sus asquerosos dientes amarillentos, desiguales y mal encajados en una mandíbula prognática.
-¿Rafael?- Duda ella. Se fija sin disimulo en esos ridículos ojos de batracio y no oculta una mueca de asco ante la visión de un resto de saliva que le ha quedado al niño en la comisura de los labios.
-¡Jesús, chico! ¿Pero a quién has salido tú, tan feo?
Rafael se da la vuelta y entra de nuevo en el ascensor. Sale a la calle y se pregunta , ahora que su abuela se comporta como sus compañeros de colegio, dónde podrá refugiarse por las tardes.
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Mala leche ¿eh?. Pues así los 44 relatos. Pero bastante buenos.
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domingo, 19 de octubre de 2008

Un libro gallego


Contento del mundo
José Sánchez Pedrosa
Edita Ediciones del viento
107 páginas
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No lo he leído, ni siquiera lo he empezado, pero quería mencionar este libro, un regalo de mi librera de cabecera, porque está editado por una editorial, Ediciones del Viento, de La Coruña, sí, sí, en el libro pone La Coruña.
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He hecho comentarios de libros editados en Valencia, tanto por editoriales privadas como públicas, pero debo reconocer que no concocía la labor editorial gallega. Nunca me había parado a pensar que fuera de Madrid o Barcelona, y Valencia claro, hubiera vida editorial.
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Volviendo al libro, son 44 breves relatos en poco más de cien páginas. Ya contaré algo más.
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