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lunes, 22 de septiembre de 2014

Serie: Infierno sobre ruedas


Serie ambientada después de la Guerra Civil americana (1861-1865). Cuenta la historia de Cullen Bohannan (Anson Mount), un soldado confederado que empieza buscando venganza por el asesinato de su mujer y acaba participando en la construcción del primer ferrocarril transcontinental de EEUU.

Resumen tomado de FilmAffinity.com.es
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Entretenida; dicen que no se debe comparar con Deadwood porque saldría perdiendo, yo no lo hago porque esa otra serie no la visto aún.

domingo, 20 de marzo de 2011

Nueva York... otra vez

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La Novena Avenida de Nueva York a los ojos de Andreas Feiniger en la década de los cuarenta del siglo pasado.
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jueves, 10 de marzo de 2011

Libro: En el tren

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En el tren
Varios autores
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Diseño de la portada, Dos Dimensiones S.L.
Edita Ediciones irreverentes
1ª edicion, mayo de 2001
121 páginas
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De ninguna parte, Ana María Matute
Nochebuena en el apeadero, Fernando Vizcaíno Casas
Las vidas paralelas, Miguel Ángel de Rus
La mujer descarnada, Antonio López del Moral
La belleza ideal, Pedro Antonio de Alarcón
De Perpiñán a Barcelona. De Toledo a Madrid,
Charles Davillier
En el tren, Leopoldo Alas Clarín
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En el tren, de Leopoldo Alas Clarín

El duque de Pergamino, marqués de Numancia, conde de Peñasarriba, consejero de ferrocarriles de vía ancha y de vía estrecha, ex ministro de Estado y de Ultramar… está que bufa y coge el cielo… raso del coche de primera con las manos; y a su juicio tiene razón que le sobra. Figúrense ustedes que él viene desde Madrid solo, tumbado cuan largo es en un reservado, con que ha tenido que contentarse, porque no hubo a su disposición, por torpeza de los empleados, ni coche-cama, ni cosa parecida, y ahora, a lo mejor del sueño, a medianoche, en mitad de Castilla, le abren la puerta de su departamento y le piden mil perdones… porque tiene que admitir la compañía de dos viajeros nada menos: una señora enlutada, cubierta con un velo espeso, y un teniente de artillería.
¡De ninguna manera! No hay cortesía que valga: el noble español es muy inglés cuando viaja y no se anda con miramientos medievales: defiende el home de su reservado poco menos que con el sport que ha aprendido en Eton, el Inglaterra, el noble duque castellano, estudiante inglés.
¡Un consejero, un senador, un duque, un ex ministro, consentir que entren dos desconocidos en su coche, después de haber consentido en prescindir de una berlina-cama, a que tiene derecho! ¡Imposible! ¡Allí no entra una mosca!
La dama de luto, avergonzada, confusa, procura desaparecer, buscar refugio en cualquier furgón donde pueda haber perros más finos… pero el teniente de artillería le cierra el paso ocupando la salida y con mucha tranquilidad y finura defiende su derecho, el de ambos,
-Caballero, no niego el derecho de usted a reclamar contra los descuidos de la Compañía... pero yo, y por lo visto esta señora también, tengo billete de primera; todos los demás coches de esta clase vienen llenos; en esta estación no hay modo de aumentar el servicio... aquí hay asientos de sobra, y aquí nos metemos.
El jefe de estación apoya con timidez la pretensión del teniente; el duque se crece, el jefe cede... y el artillero llama a un cabo de la Guardia civil, que, enterado del caso, aplica la ley marcial al reglamento de ferrocarriles, y decreta que la viuda (él la hace viuda) y su teniente se queden en el reservado del duque, sin perjuicio de que éste se llame a engaño ante quien corresponda.
Pergamino protesta; pero acaba por calmarse y hasta por ofrecer un magnífico puro al militar, del cual acaba de saber, accidentalmente, que va en el expreso a incorporarse a su regimiento, que se embarca para Cuba.
-¿Conque va usted a Ultramar a defender la integridad de la patria?
-Sí, señor; en el último sorteo me ha tocado el chinazo.
-¿Cómo chinazo?
-Dejo a mi madre y a mi mujer enfermas y dejo dos niños de menos de cinco años.
-Bien, sí; es lamentable... ¡Pero la patria, el país, la bandera!
-Ya lo creo, señor duque. Eso es lo primero. Por eso voy. Pero siento separarme de lo segundo. Y usted, señor duque, ¿a dónde bueno?
-Phs... por de pronto a Biarritz, después al norte de Francia... pero todo eso está muy visto; pasaré el Canal y repartiré los meses de agosto y septiembre entre la isla de Wright, Cowes, Ventnor, Ryde y Osbom...
La dama del luto y del velo, ocupa silenciosa un rincón del reservado.
El duque no repara en ella. Después de repasar un periódico, reanuda la conversación con el artillero, que es de pocas palabras.
-Aquello está muy malo. Cuando yo, allá en mi novatada como ministro, admití la cartera de ultramar, por vía de aprendizaje, me convencí de que tenemos que aplicar el cauterio a la administración ultramarina, si ha de salvarse aquello.
-Y usted, ¿no pudo aplicarlo?
-No tuve tiempo. Pasé a Estado, por mis méritos y servicios, y además... ¡hay tantos compromisos! Oh, pero la insensata rebelión no prevalecerá; nuestros héroes defienden aquello como leones; mire usted que es magnífica la muerte del general Zutano... víctima de su arrojo en la acción de Tal... Zutano y otro valiente, un capitán... el capitán... no sé cuántos, perecieron allí con el mismo valor y el mismo patriotismo que los más renombrados mártires de la guerra. Zutano y el otro, el capitán aquél, merecen estatuas; letras de oro en una lápida del Congreso... Pero de todas maneras, aquello está muy malo... No tenemos una administración... Conque ¿usted se queda aquí para tomar el tren que le lleve a Santander? Pues ea; buena suerte, muchos laureles y pocos balazos... y si quiere usted algo por acá... ya sabe usted, mi teniente, durante el verano, isla de Wright, Cowes, Ventnor y Osbom...
El duque y la dama del luto y el velo quedan solo en el reservado. El ex ministro procura, con discreción relativa, entablar conversación.
La dama contesta con monosílabos, y a veces con señas.
El de Pergamino, despechado, se aburre. En una estación, la enlutada mira con impaciencia por la ventanilla.
-¡Aquí, aquí! -grita de pronto-; Fernando, Adela... aquí...
Una pareja, también de luto, entra en el reservado: la enlutada del coche los abraza, sobre el pecho de la otra mujer llora, sofocando los sollozos.
El tren sigue su viaje. Despedida, abrazos otra vez, llanto...
Quedaron de nuevo solos la dama y el duque.
Pergamino, muerto de impaciencia, se aventura en el terreno de las posibles indiscreciones. Quiere saber a toda costa el origen de aquellas penas, la causa de aquel luto...
Y obtiene fría, seca, irónica, entre lágrimas, esta breve respuesta:
-Soy la viuda del otro... del capitán Fernández.
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Un librito rescatado de la mesa de saldos de mi librería. Dos razones me llevaron a comprarlo: el tema, el ferrocarril, y ver entre los autores seleccionados a Fernando Vizcaíno Casas; tenía curiosidad en leer su relato pues no es normal encontrar a dicho autor en estos tiempos.
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Y posiblemente sean los dos relatos, de los siete incluidos, que más me han gustado, el que he transcrito de Clarín, en tres páginas del libro ¡hay que ver la de cosas que critica! y el relato de Vizcaíno Casas.
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jueves, 20 de enero de 2011

Cine: Los apuros de un pequeño tren

Los apuros de un pequeño tren
The Titfield Thunderbolt
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Año de producción: 1953
País: Reino Unido
Dirección: Charles Crichton
Intérpretes: Stanley Holloway, George Relph, Naunton Wayne, John Gregson, Godfrey Tearle, Hugh Griffith
Guión: T.E.B. Clarke
Música: Georges Auric
Fotografía: Douglas Slocombe
Duración: 84 min.
Género:
Comedia
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Titfield es un pequeño pueblo del oeste de Inglaterra que posee la línea de ferrocarril más antigua del mundo.
Con el tiempo, esa línea resulta deficitaria y la empresa ha decidido cerrala.
Sin embargo, los vecinos no permitirán perder su ferrocarril y decidirán llevar a cabo el servicio entre todos. No obstante, la compañía de autobuses les hará una dura competencia.
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La vieja locomotora utilizada en la película tenía ciento quince años de antigüedad y se trataba de una "Lion", una de las joyas de la colección de la Liverpool Engineering Society. En su época de gloria prestaba el servicio en la primera línea férrea que se construyó entre Liverpool y Manchester.
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Sencilla historia para una película tan tierna como entretenida, dirigida con esmero por Charles Crichton y representativa de la genuina comedia británica de la época, que es como decir, realizada por los estudios Ealing.
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Para saber un poquito más de estos míticos estudios recomiendo este artículo de Emir Rodríguez Monegal.
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viernes, 7 de enero de 2011

Los apuros de un pequeño tren

Hace unas semanas, concretamente el día 19 de diciembre, ya del año pasado, inauguré el servicio de AVE entre Valencia y Madrid.
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Lo del Rey el día anterior fue para tener entretenido al pobre hombre y que no dijera muchas tonterías unos días después en el discurso navideño que no ve nadie.
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Volviendo al tren, viajeros al tren, el AVE tiene luces y sombras.
Las luces, una y evidente, la rapidez, la velocidad como se ve en la fotografía.
Las sombras, más. Es muy ruidoso, sobre todo en los tuneles y trincheras y los asientos son más incómodos que el AVE, opinión compartida por un amigo que ha utilizado el AVE de Sevilla.
¡Ah!, y que no se me olvide, no proyectan ninguna película porque no da tiempo.
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Y ya que no "echaban" ninguna película me puse a recordar películas de trenes.
Y hubo una en la que paré: Los apuros de un pequeño tren (1953), un deliciosa comedia británica de los malogrados estudios Ealing que no tenía en la videoteca y que es difícil por no decir imposible verla en televisión.
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Hace unos días la vi en El Corte Inglés y me la prometí para rebajas.
Esta mañana he ido y ya la tengo. Por cierto, unas muy buenas rebjas en cine, un 40% de descuento si compras 4 películas o más.
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Y todo esto porque en el AVE no ponen películas.
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domingo, 12 de diciembre de 2010

Viajeros al treeeeeeennnn

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Falta el tiempo que indica el tablero, un poco menos porque la fotografía la hice esta mañana.
Aprovechando que estaba por el centro me acerqué a la Estación del Norte a preguntar si el domingo que viene me tengo que presentar allí o en la nueva estación Joaquín Sorolla, provisional y que sólo dará servicio al AVE.
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Acabo de entrar en la página de RENFE y me he dado cuenta de dos cosas:
- mi tren es el primero, inauguro yo la línea, no los politicastros el día anterior. Espero no encontrarme a Pepiño, prefiero a los Hermanos Marx.
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- la duración del viaje ha aumentado, si cuando compré el billete era de 1 hora y 40 minutos hoy ya es de 1 hora y 50 minutos. De este modo sale más barato el minuto de viaje. El que no se consuela es porque no quiere.
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Y espero no tener que ir al andén 9 y 3/4 como Harry, Potter no Flanagan, porque creo que no existe en la nueva, y provisional, estación.
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Ya contaré.
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miércoles, 27 de octubre de 2010

Viajeros al tren

Este viernes y sábado se han celebrado las Jornadas europeas de Patrimonio 2010, dedicadas este año a la arquitectura contemporánea.
El viernes hubo una visita de arquitectura guiada a la Estación del Norte., que debe su nombre a la compañía a la que pertenecía no porque conectara con ciudades del norte. Conectaba Valencia con Barcelona, con Madrid vía Albacete y con Cuenca vía Utiel al absorber esa línea con el derribo consiguiente de la estación correspondiente.
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Tuvimos la suerte de que actuara como guía Inmaculada Aguilar Civera, profesora de Historia del Arte y especialista en arquitectura industrial y más específicamente ferroviaria.
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La primitiva estación de la Compañía de Ferrocarriles del Norte estuvo situada en la confluencia de la calle Ribera y la Plaza del Ayuntamiento, pero la tranformación que se produce en esta zona a principios del siglo XX y la necesidad de facilitar el tráfico por la ronda, ocupada antes por la muralla cristiana, aconsejó su alejamiento del centro, pensando ubicarla en el cruce de las grandes Vías aunque las protestas por la lejanía del lugar elegido hizo que que se optara por el traslado al emplazamiento actual.
De hecho, la compañía tenía comprados los terrenos antes de esta decisión final, por eso la playa de vías y los pabellones de mercancias y talleres se construyeron en esa zona, al sur de las grandes Vías, quedando la estación en el cuello de botella actual.
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Proyectada por el arquitecto valenciano Demetrio Ribes Marco, arquitecto de la compañía, en 1906, con proyecto definitivo de 1908 e inaugurada en 1917, constituye uno de los mejores edificios de nuestra arquitectura civil y es punto de referencia monumental y representativo de Valencia.
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Es una estación término en forma de U, como también lo fue después la ya derruida estación de Aragón, con patio de carruajes, ala de oficinas, ala de salida y mensajería-mercancias y pabellón central con todos los servicios de la época: vestíbulo, taquillas, fonda, restaurante, etc.
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En su interior, la cubierta, una gran marquesina de chapas de fibrocemento sobre una potente estructura metálica con apoyos articulados, constituyó en su época un verdadero alarde tecnológic, cubriendo una luz de 45 m, con un alongitud cercana a los 200 m. Su estilo se adscribe al movimiento modernista, dentro de la corriente denominada Sezession Vienesa, pero es la manera peculiar con la que Ribes interpreta el estilo lo que la dota de notable singularidad con una personal reinterpretación de ornamentos de la escuela de Viena, que utiliza con maestría y adapta a la industria valenciana del momento de la que destaca la cerámica y mayólica elaborada en La Ceramo (Benicalap) y Onofre Valldecabres (Manises) como se puede apreciar en la antigua fonda.
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La fachada principal trata de compensar su acentuada horizontalidad con la disposición de tres cuerpos resaltados, dos de ellos en los extremos formando torreones, y el tercero en el centro marcando el acceso. En ella destacan los abundantes detalles decorativos, coloristas, con numerosas piezas cerámicas que reproducen distintos adornos florales y abundancia de escudos de la Compañía de Ferrocarriles del Norte y de la ciudad de Valencia.
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Muy interesante resultó ver el vestíbulo de las oficinas, que no es público, por la integración tan esmerada de las diferentes artes aplicadas en tan reducido espacio.
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Una curiosidad desconocida por mí fue enterarme que por las 4 puertas (2+2) que comunican el vestíbulo con el espacio de los andenes cubierto por la marquesina y que se corresponden con otras 4 en la fachada pasaban los trenes hasta llegar a la estación antigua durante la construcción de la nueva estación pues el servicio no se interrumpió.
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La visita concluyó al final de los andenes bajo donde discurrió en su día una pasarela de hormigón armado que cruzaba la playa de vías para comunicar los dos barrios colindantes. Fue una de las primeras construcciones en hormigón que se realizaron en España, con una patente del propio Ribes, que además de arquitecto fue constructor.
Y se construyó al mismo tiempo que la estación, no esperaron a que la gente protestara.
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Un elemento definitorio de la estación es la cantidad de alusiones de diferente tipo a la compañía propietaria y los deseos de Buen Viaje en distinto idiomas que se reparten por el vestíbulo
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domingo, 23 de mayo de 2010

Libro: El ferrocarril en Madrid

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El ferrocarril en Madrid
Historia de las líneas de Renfe, Metropolitano, Vía Estrecha y tranvías interurbanos 1851-2006
Juan Pedro Esteve García y Antonio Bravo Fernández
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Edita La Librería
189 páginas, con mapas, fotografías y cuadros explicativos
1ª edición, de 2007
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Libro que cuenta la historia de los endiablados monstruos de hierro en Madrid, desde el primer tren a Aranjuez, que vomitaba humo, hasta los modernos AVE o cercanías.
Un libro muy interesante, con cuadros que explican los diferentes anchos de vía -había trenes que circulaban por vías de 60 cm de anchura- las electrificaciones, etc.
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Lo que no he entendido es por qué cuando las recalificaciones de antiguos espacios ferroviarios para la construcción de viviendas las hace la izquierda es síntoma de progreso y cuando las hace la derecha es especulación. Es una de las pocas cosas que no quedan claras en el libro.
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Obviando este detalle, el libro aborda de manera muy amena una parte de la historia de Madrid.
La editorial Ediciones La Librería está especializada en libros cuya temática sea Madrid, y está haciendo una labor muy de agradecer.
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lunes, 20 de julio de 2009

El tiempo de los trenes

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El tiempo de los trenes
El paisaje español en el arte y la literatura del realismo (1849-1918)


Lily Litvak

Ediciones del Serbal

240 páginas, con ilustraciones en blanco y negro y color, bibliografía e índice onomástico

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Libro en el que la autora analiza cómo se trata el tema del paisaje en la literatura, la pintura, el comienzo de la fotografía en España.

Compré el libro hace ya meses y ahora le ha tocado su turno. Lo compré, digo, por lo de los trenes y es la parte a la que he dedicado el mayor tiempo de lectura, los primeros capítulos los he ojeado/hojeado sobrevolando sobre el texto.

John Ruskin inició su obra Modern Painters con el propósito de enaltecer a Turner como supremo artista del paisaje. Pero, al llegar al tercer volumen, se dio cuenta de un hecho aún más significativo: que para la cultura europea la apreciación de la naturaleza era relativamente reciente.

Kenneth Clark, comentando al escritor británico, afirma a su vez que la pintura del paisaje fue la principal creación artística del siglo XIX.

Las compañías ferroviarias extienden sus redes y ello permite el aumento del intercambio de mercancías, y el desarrollo de la producción. Y la emigración del campo a la ciudad, de la tierra al taller, a la mina o a la oficina.

Construcción del Puente de los Franceses en la línea del Norte.

Fotografía de Charles Clifford

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El ferrocarril favorece las crecientes concentraciones urbanas que producen nuevos edificios para la nueva economía: la fábrica, los grandes bancos, los grandes almacenes.

La construcción más característica de la época es sobre todo la estación, producto de la era industrial, y por ello, hasta entonces inédita. Las que se erigieron antes de mediados del siglo habían sido relativamente modestas, después se aprovecharía en su arquitectura la novedad de materiales que fueron también consecuencia de la revolución industrial: el hormigón y el hierro asociado al cristal.

(...) El sistema ferroviario promovió la unificación de españa más que ninguna ley, discurso o idea, y más que ninguna otra invención mecánica. Este nuevo medio de transporte extendía puentes a los más inaccesibles parajes, perforaba túneles en gigantescas montañas, llevaba sus vías de las ciudades a los más alejados lugares, de tal manera que el veloz vehículo parecía una especie de metáfora de la comunidad humana.

El ferrocarril ocasionó un cambio total en la vida y en los valores nacionales cumpliendo el viejo sueño de unificar al país. (...) Por ello, la iconografía ferroviaria abunda en emblemas de unidad nacional, trenes que se mueven fácilmente por todos los terrenos, puentes recien construidos, estaciones llenas de pasajeros de la más diversa procedencia.



Darío de Regoyos.

Pancorbo. El tren que pasa.

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(...) las conexiones entre la pintura y el ferrocarril son múltiples y fascinantes. Tal vez la más divertida discusión sobre trenes y arte tomó lugar en una sátira de Etienne Baudry, ilustrada por Gustave Courbet, llamada Le Camp des Bourgeois (París 1868).

En un capítulo titulado "El destino del arte", un grupo de personajes discute el problema de dónde colocar las obras de arte en el mundo urbano moderno, aduciendo que a la burguesía no le importan y no tiene tiempo de ir a los museos. La solución es proporcionada por el mismo Courbet, que propone colocarlos en las estaciones de tren, que así se convertirán no sólo en templos del progreso, sino también del arte. Baudry opina, acertadamente, que el tren ha alterado de tal forma el mundo moderno que es necesario cambiar totalmente la relación entre el artista y su público.

(…) Bien pronto desaparecieron o fueron modernizados los primeros puentes de madera sobre los que circularon los ferrocarriles españoles. Un puente de bigas Town sobre el río Turia, formado por siete tramos de 20, 21 m inauguró en 1852 la línea de Valencia al Grao. Esta obra, incendiada por los tartaneros que creían así eliminar la ruinosa competencia que les hacía el ferrocarril, fue substituida en 1859 por un puente de hierro.

Un libro muy interesante, que combina, arte, técnica e historia.
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