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domingo, 20 de marzo de 2011

Nueva York... otra vez

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La Novena Avenida de Nueva York a los ojos de Andreas Feiniger en la década de los cuarenta del siglo pasado.
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jueves, 20 de enero de 2011

Cine: Los apuros de un pequeño tren

Los apuros de un pequeño tren
The Titfield Thunderbolt
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Año de producción: 1953
País: Reino Unido
Dirección: Charles Crichton
Intérpretes: Stanley Holloway, George Relph, Naunton Wayne, John Gregson, Godfrey Tearle, Hugh Griffith
Guión: T.E.B. Clarke
Música: Georges Auric
Fotografía: Douglas Slocombe
Duración: 84 min.
Género:
Comedia
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Titfield es un pequeño pueblo del oeste de Inglaterra que posee la línea de ferrocarril más antigua del mundo.
Con el tiempo, esa línea resulta deficitaria y la empresa ha decidido cerrala.
Sin embargo, los vecinos no permitirán perder su ferrocarril y decidirán llevar a cabo el servicio entre todos. No obstante, la compañía de autobuses les hará una dura competencia.
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La vieja locomotora utilizada en la película tenía ciento quince años de antigüedad y se trataba de una "Lion", una de las joyas de la colección de la Liverpool Engineering Society. En su época de gloria prestaba el servicio en la primera línea férrea que se construyó entre Liverpool y Manchester.
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Sencilla historia para una película tan tierna como entretenida, dirigida con esmero por Charles Crichton y representativa de la genuina comedia británica de la época, que es como decir, realizada por los estudios Ealing.
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Para saber un poquito más de estos míticos estudios recomiendo este artículo de Emir Rodríguez Monegal.
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lunes, 20 de julio de 2009

El tiempo de los trenes

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El tiempo de los trenes
El paisaje español en el arte y la literatura del realismo (1849-1918)


Lily Litvak

Ediciones del Serbal

240 páginas, con ilustraciones en blanco y negro y color, bibliografía e índice onomástico

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Libro en el que la autora analiza cómo se trata el tema del paisaje en la literatura, la pintura, el comienzo de la fotografía en España.

Compré el libro hace ya meses y ahora le ha tocado su turno. Lo compré, digo, por lo de los trenes y es la parte a la que he dedicado el mayor tiempo de lectura, los primeros capítulos los he ojeado/hojeado sobrevolando sobre el texto.

John Ruskin inició su obra Modern Painters con el propósito de enaltecer a Turner como supremo artista del paisaje. Pero, al llegar al tercer volumen, se dio cuenta de un hecho aún más significativo: que para la cultura europea la apreciación de la naturaleza era relativamente reciente.

Kenneth Clark, comentando al escritor británico, afirma a su vez que la pintura del paisaje fue la principal creación artística del siglo XIX.

Las compañías ferroviarias extienden sus redes y ello permite el aumento del intercambio de mercancías, y el desarrollo de la producción. Y la emigración del campo a la ciudad, de la tierra al taller, a la mina o a la oficina.

Construcción del Puente de los Franceses en la línea del Norte.

Fotografía de Charles Clifford

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El ferrocarril favorece las crecientes concentraciones urbanas que producen nuevos edificios para la nueva economía: la fábrica, los grandes bancos, los grandes almacenes.

La construcción más característica de la época es sobre todo la estación, producto de la era industrial, y por ello, hasta entonces inédita. Las que se erigieron antes de mediados del siglo habían sido relativamente modestas, después se aprovecharía en su arquitectura la novedad de materiales que fueron también consecuencia de la revolución industrial: el hormigón y el hierro asociado al cristal.

(...) El sistema ferroviario promovió la unificación de españa más que ninguna ley, discurso o idea, y más que ninguna otra invención mecánica. Este nuevo medio de transporte extendía puentes a los más inaccesibles parajes, perforaba túneles en gigantescas montañas, llevaba sus vías de las ciudades a los más alejados lugares, de tal manera que el veloz vehículo parecía una especie de metáfora de la comunidad humana.

El ferrocarril ocasionó un cambio total en la vida y en los valores nacionales cumpliendo el viejo sueño de unificar al país. (...) Por ello, la iconografía ferroviaria abunda en emblemas de unidad nacional, trenes que se mueven fácilmente por todos los terrenos, puentes recien construidos, estaciones llenas de pasajeros de la más diversa procedencia.



Darío de Regoyos.

Pancorbo. El tren que pasa.

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(...) las conexiones entre la pintura y el ferrocarril son múltiples y fascinantes. Tal vez la más divertida discusión sobre trenes y arte tomó lugar en una sátira de Etienne Baudry, ilustrada por Gustave Courbet, llamada Le Camp des Bourgeois (París 1868).

En un capítulo titulado "El destino del arte", un grupo de personajes discute el problema de dónde colocar las obras de arte en el mundo urbano moderno, aduciendo que a la burguesía no le importan y no tiene tiempo de ir a los museos. La solución es proporcionada por el mismo Courbet, que propone colocarlos en las estaciones de tren, que así se convertirán no sólo en templos del progreso, sino también del arte. Baudry opina, acertadamente, que el tren ha alterado de tal forma el mundo moderno que es necesario cambiar totalmente la relación entre el artista y su público.

(…) Bien pronto desaparecieron o fueron modernizados los primeros puentes de madera sobre los que circularon los ferrocarriles españoles. Un puente de bigas Town sobre el río Turia, formado por siete tramos de 20, 21 m inauguró en 1852 la línea de Valencia al Grao. Esta obra, incendiada por los tartaneros que creían así eliminar la ruinosa competencia que les hacía el ferrocarril, fue substituida en 1859 por un puente de hierro.

Un libro muy interesante, que combina, arte, técnica e historia.
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