![]() | Marcial Cuquerella (@mcuquerella) |
Cuando pienso que Juan Pablo II no tuvo el Nobel de la Paz, y John Wayne sólo tuvo un Óscar, relativizo lo de los premios.
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Cuando he leído esta tarde este tuit me ha venido a la cabeza la historia de Irena Sendler, que cuenta Fernando Díaz Villanueva en su libro Historias con vida propia. y también está en los archivos de Libertad Digital, pues de ahí es de donde se han extraído las historias del libro:
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Irena Sendler era varsoviana, católica y trabajaba como asistente social en un comedor para indigentes. Si no hubieran los nazis invadido Polonia y exterminado a toda su población judía, su historia personal hubiera sido muy distinta. Con toda seguridad no hubiese pasado de ser una buena persona que ayudaba humildemente a los demás y gózó de una larga vida casi centenaria. Pero le tocó vivir años de infamia y cobardía. Infamia de los verdugos que asesinaron como ratas a seis millones de seres humanos indefensos, cobardía de muchas víctimas y cómplices, que miraron hacia otro lado.
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Fue Israel la que le sacó del anonimato. En 1965 el Yad Vashem, conocedor de su historia por algunos de los sobrevivientes que habían sido enviados a Palestina, la nombró Justo entre las Naciones. Pero habrían de pasar casi 40 años para que fuera reconocida en su patria. En 2003, el presidente Alexander Kwasniewski la condecoró con la orden del Águila Blanca, la más prestigiosa de Polonia. En 2007, con 97 años, el presidente Lech Kaczynski la postuló como candidata al Nobel de la Paz. Los noruegos, sin embargo, se decantaron por Al Gore, un farsante cuyo único merecimiento era un documental lleno de mentiras. Un año después, Irena Sendler murió en paz en un asilo de Varsovia, admirada por todos.
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Las negritas son mías
Merece la pena leer su historia en el enlace a Libertad Digital.
Para que luego nos hablen de premios.
¡Qué porquería!
