
Antes que nada tengo que decir que no soy imparcial en esta crónica porque conozco a Guillaume Glories desde hace unos cuantos años, desde que, ya no recuerdo cómo, aparecimos por allí un grupo de amigos dispuestos a aprender de su sabiduría vinícola en catas después de habernos quedado huérfanos de local al cerrar la entrañable Bodega Seguí, muy, muy cerquita, juntos los dos al Mercado de Ruzafa.
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Un día de septiembre del pasado año, ha pasado tiempo desde entonces y ha llovido, esto menos, volvíamos, un amigo y yo, de Enguera, después de sufrir una experiencia espeluznante: ver la pinta de los clavarios y clavariesas jóvenes de las fiestas que se celebraban por aquel entonces.
Y eso que iban sin mantilla, ellas.
Y eso que iban sin mantilla, ellas.
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Para quitarnos el miedo del cuerpo elegimos Entrevins que, como dice el título de esta anotación, fue una excelente elección.
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He dicho bebida, no, del vino quería decir, beber otra cosa aquí sería considerado un pecado.
Del menú de mercado elegimos la siguiente combinación:
aperitivos para compartir:
- sardina asada con tomate, aceituna y limón.
- manitas de cerdo deshuesadas con cigalita plancha.
- croqueta de hongos.
entrante individual:
- coca de salmonete de playa a la brasa con titaina.
- gazpacho de perdiz y rebollones.
Y como plato de cuchara arroz meloso marinero.
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Para terminar con tan estupenda comida no podíamos dejar de degustar uno de los gin-tonics que sólo Guillaume sabe preparar.
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NOTA 1: Los vinos, porque cada plato fue acompañado por un vino diferente, los anotará mi compañero de comida. Que él los apuntó.
NOTA 2: Ha pasado más de un año y no he vuelto a comer allí. Este mes han empezado las catas y tampoco he aparecido por Entrevins.
Algo habrá que hacer, y pronto.
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