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Caminando por donde me señalaron, y pon agua por todas partes, llegué a una plaza con palomos muy grande y pulida, con la marina a la vista otra vez y un iglesión largo allí a un lado, de techos así redondos como pompas pero con puntas y cristos, mucha filigrana doradilla, y en medio pinturas de santos, unos caballos muy hermosos encima de las puertas, en estatua, y la torre de la iglesia aparte.




