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martes, 26 de febrero de 2013

Quiero escribir, una nueva revista


Desde hace unas semanas hay una nueva revista en el quiosco virtual:  Quiero escribir .

En la presentación del libro 11 monstruos por encargo, Antonio Penadés y Santiago Posteguillo comentaron que hasta la llegada del Museo L'Iber y de Bibliocafé más tarde no existía un pulso literario  reconocible en Valencia. 
De hecho Santiago añadió que algo parecido le habían dicho en la editoriales con las que se relaciona, que había habido de un tiempo a esta parte una eclosión de escritores en Valencia por la cantidad de manuscritos que recibían. 

Faltaba una revista que hablara sobre dichos autores, con ellos y por ellos y ya la tenemos.

Una de las responsables es Ángeles Pavía, asidua de Bibliocafé y que participó en la organización de las I Jornadas de Literatura histórica en el Museo L'Iber.
Colabora en este número Marta Querol.

Como se puede ver son nombres que se repiten, los de los autores y los sitios, aunque seguro que hay más en la ciudad, por ejemplo la librería Primado y Ubik café.

No voy a hablar del contenido de la revista, el que tenga curiosidad que la hojee/ojee, sólo mencionar un reportaje de este primer número, el dedicado al ilustrador Alejandro Colucci, en que el me he enterado que él y Épica Prima son lo mismo, una duda resuelta.

Felicidades a todos los que hacen la revista y que cumpla muchos números.

miércoles, 30 de enero de 2013

Liturgia literaria de Marta Querol


La Liturgia literaria del mes de enero ha estado a cargo de la escritora Marta Querol, autora de El final del ave Fénix.

El título de su conferencia fue: Alguien que no pensó jamás en escribir.

Mi vida, hasta 2003 era del siguiente modo:
- de dia: bien, lo de siempre, trabajo, familia, casa...
- de noche: llorar, llorar y llorar
Hasta las 6.23 a.m. del 7 de septiembre de 2003. Ese instante fue el Momento 0, el Big Bang.

Empecé a escribir lo que me agobiaba, contándoselo a otra persona.

A partir de ahí, empezó a escribir con un horario más o menos fijo y se le abrió el cielo.
Con el tiempo vio que tenía el embrión de una historia, El final del ave fénix.
No podía parar de escribir pero lo hacía sin método, sin documentación previa, sin esquema ni objetivo final, sin saber si valía o no.

El libro comenzó a partir de una carta de un familiar que contaba su historia y la memoria que tenía ella de la familia y de su infancia.

En paralelo a esto seguía el trabajo, la casa, la familia...

La única documentación con la que trabaja es la colección del NODO que salió con EL MUNDO, internet y las conversaciones con personas que vivieron la época del libro.

La historia empieza a crecer y crecer y crecer, entrándole el pánico a que se convierta en la historia interminable. Decide cortar y comprimir lo que sucede a partir de los años 60. Esto que corta lo guarda y se convertirá en Las guerras de Elena, la segunda parte de una trilogía.
Pero esto último es adelantarse mucho a la historia.

Para su primer manuscrito tiene dos únicos lectores: su marido y una tía de 80 años.
Ante las elogiosas críticas decide presentarlo al premio Planeta.

Posteriormente consigue el informe de lectura de varias agencias literarias y en todos se venía a decir lo mismo: había detalles a mejorar.
En ese momento Marta se enteró que los manuscritos hay que modificarlos varias veces.

Y mientras modifica que te modifica sigue escribiendo su segunda novela, La guerras de Elena, que se desarrolla entre 1967 y 1976.

Ahora ya cree tener una liturgia o método de trabajo que ha utilizado en esta segunda parte:
- fichas de personajes,
- fichas de capítulos con esquemas de acciones, marcando con colores las escenas de tensión, amor, etc.,
- resúmenes de capítulos.
Como el libro trata de dos familias también marcaba la participación de las mismas para que la historia estuviera equilibrada.

Como hay una parte que se desarrolla en Beirut estuvo leyendo en la hemeroteca del periódico Las Provincias los diarios de esa época (1967-1976)

De nuevo tuvo dos lectores para el manuscrito: su marido y su tía, ahora con más años, claro.

Pero esta vez, aunque le repitieron que la obra era la leche, decidió que alguien profesional le diera su opinión y contrató a una agencia. 


La tercera novela, con la que acaba la trilogía de las dos familias, la está escribiendo con  Scrivener.

Aquí le preguntaron si se sentía cómoda al utilizar el programa. Marta dijo que sí, es un programa muy organizado, con el que es fácil encontrar la información y la puedes tener toda en pantalla.

A la pregunta de con cual de las novelas se sentía más satisfecha, la autora respondió que todavía no se siente escritora pues considera la trilogía como un solo libro y lleva 2/3. Cuando acabe de cerrar el proyecto ya vera cómo se siente.

"El final del ave fénix" acaba y puedes no leer más.
"Las guerras de Elena" no acaba por lo que tienes que leer el tercero y para ello tienes que escribirlo.

Tiene una historia para una novela nueva pero no quiere empezar a desarrollarla porque dejaría de escribir el libro, la tercera parte con el que está en estos momentos.

Volvieron a preguntarle por el programa, si antes fue Santiago Álvarez esta vez fue el detective Mejías, y ella dijo que un capítulo vienen a ser unas 4.500 ó 5.000 palabras. Al llegar a las 2.500 repasa lo escrito para quitar lo superfluo y centrarse en lo fundamental de ese capítulo.

En una novela de esta clase, la tensión se mantiene a través de la empatía con los personajes. No hay búsquedas de tesoros. ni crímenes, el lector empatiza con los personajes y quiere saber qué les pasa.
Son novelas intimistas, de personajes, sin acción.

Surgió la pregunta de cuánto hay de la familia de ella en las novelas pues tuvieron negocias de moda infantil.
Ella explicó que los libros no son la historia de su familia pero que hay coincidencias temporales y de situación por ser los más cercano que tenía, pero explicó que la tercera novela la empezó a escribir en tercera persona y al llegar a las 80 páginas no lo vio claro y optó por reescribirla en primera persona, eliminando escenas. De este modo está consiguiendo un tono distinto a los de los libros anteriores.

Vicente Marco preguntó si a raíz del informe de la agencia literaria prostituyó la novela hacia lo comercial, a lo que Marta contestó que no, que el informe era muy técnico, no entraba en esos asuntos.

Sebastián Roa citó a Jason Webster acerca de que los escritores ingleses intentan no ponerse entre el lector y el libro.
Marta dijo que ella utiliza un estilo muy simple, con sencillez, un lenguaje correcto y cuidado, no ramplón, pero sin tener que tener un diccionario al lado.

Hubo alguna pregunta más pero creo que lo sustancial ya está reflejado.

La siguiente Liturgia literaria es pasado mañana, día 1, con Javier González, escritos con varias obras en su haber y que viene desde los Madriles.


domingo, 23 de diciembre de 2012

Premios literarios: ¿la gran estafa?


El tema de esta mesa redonda de Bibliocafé era hablar sobre premios literarios.
Los tertualianos eran, de izquierda a derecha:
Carmen Amoraga, finalista del Premio Planeta, Marta Querol, finalista del Premio Planeta, José Luis Rodríguez, alma de Bibliocafé y Vicente Marco, ganador y finalista de diversos premios literarios.

Después de las consabidas presentaciones por parte de José Luis y de dar la cifra de premios literarios en España, 3.500 el año pasado, empezó a contarnos su experiencia Marta Querol.

Se presentó al Premio Planeta por inconsciencia, tenía una novela recién escrita, buscó un listado de premios literarios y el más cercano en fecha era el Planeta.
Cumplía las bases en cuanto a número de páginas y sólo tuvo que registrar la novela, lo hizo en la Biblioteca Valenciana de San Miguel de los Reyes pues es una premisa para poder presentarse.
Como era grande su ignorancia sobre cómo funcionaba el Planeta puso una alerta en Google.
Entregó la novela el 8 de junio y el 11 ya había una alerta, 4 días antes de finalizar el plazo de entrega de los originales.


Hacía referencia a un blog en el que se daban pistas ( último párrafo de Ingenuidad franciscana) sobre el ganador, que sería Boris Izaguirre.
Aunque el premio se hace público el 15 de octubre en una gala de entrega, en septiembre Juan Palomo habla en EL CULTURAL de EL MUNDO de "un premio con plumas".

La prensa publica el listado de los 10 finalistas, con seudónimo, se ve en el periódico y llama a la editorial. Allí le informan que el viaje se lo costea el interesado pero tiene dos invitaciones para la gala de entrega.

De los 8 que sabían que no iban a ganar sólo acudieron 2.

Rafael Borrás, muchos años dentro de la editorial Planeta y, por tanto, buen conocedor de los tejemanejes del premio dice en La guerra de los Planeta que lo que no está claro es si los ganadores saben el orden, es decir, si van a ser primeros o segundos.

Marta Querol continuó explicando que es norma editorial no publicar a los finalistas ese año ni el siguiente, ni en la editorial ni en ninguna otra del grupo.
Ella quedó la sexta y comprobó que, además de no poder publicar en el grupo Planeta, ninguna otra editorial quería su libro porque nadie quiere publicar una obra finalista de otra editorial.
Participar en el Planeta es cerrarse las puertas porque si no ganas no publicas.

Eso sí, le dio la confianza de saber que podía ser escritora, y consiguió el informe de lectura de su novela, en el que se le comparaba con Mercedes Salisachs.

Terminó su intervención aconsejando que si quieres que te lean tienes que elegir bien el premio al que te presentas porque puedes ganar pero tu obra se puede quedar en un cajón.

Pasó el testigo a Vicente Marco, ganador o finalista en una treintena de premios literarios.
Empezó diciendo que, tristemente, donde hay dinero hay un chorizo al lado.

Se preguntó si los premios mediáticos están reñidos con la calidad literaria.
Contó que una vez presentó una obra de otro autor. A él lo presentaron como ganador de diversos premios literarios y después de presentar la obra el autor se vanaglorió de no haber ganado ningún premio literario y que eso era síntoma de que tenía calidad literaria. (Eso lo dijo el autor de su propia obra)
Vicente no supo qué hacer, aquella situación le pareció delirante.

A los treinta y tantos años (hace unos meses, acotó y carraspeó) se presentó a un premio de novela corta y lo ganó. Se preguntó qué hubiese pasado si hubiese perdido, quizá hubiese probado 2, 5 ó 10 veces más y luego hubiese dejado de escribir. Quizá.

El año que Marta se presentó al Planeta lo ganó J. J. Millás con una novela autobiográfica, cosa que todavía no entiende Vicente pues las obras han de presentarse con seudónimo.

Él ha sido miembro de jurado varias veces. Una vez quedaron 4 finalistas y el miembro que formaba parte de la organización pidió abrir las plicas antes de elegir al ganador por si había alguien que no les cayera bien. Las abrieron y lo declararon desierto.
Otra vez ocurrió que se pidió rescatar un relato descartado por el jurado de preselección. 
Cosas kafkianas.

El día que recoges el premio es un día mágico, al día siguiente sigues siendo el mismo gilipollas de siempre.

Marta intervino para decir que no critica la política de Planeta porque entiende que no apuesten 600.000 € por un autor desconocido, y que cuando participas en ese premio ya sabes, o deberías saberlo, a qué juegas.

Vcente repuso que para ti es gratificante pero es una mentira y lo peor es la intención de dar apariencia de limpieza.

Quien se haya fijado en la foto de inicio se habrá dado cuenta que la persona de la izquierda no es Carmen Amoraga, es Sebastián Roa, escritor galardonado con varios premios literarios, pero José Luis y Vicente le llamaron Carmen varias veces a lo largo de la mesa redonda.
Cuando iba a comenzar a hablar Sebastián, Marta indicó que la novela con la que Carmen quedó segunda en el Premio Planeta, El tiempo mientras tanto, es espectacular.

Sebastián dijo que no entendía cómo Lorenzo Silva podía haber ganado el Planeta de este año con una novela protagonizada por los guardias civiles que han protagonizado otras anteriores. El nivel de corrupción es proporcional a la cuantía del premio.
Él elegía premios con una dotación entre 3.000 y 4.000 euros en el caso de novela y de 1.200 a 1.500 euros en el caso de relatos.

De estos premios amañados dijo que no son una estafa penal pero sí una estafa moral. Y a ello hay que añadir que hay premios en los que las bases permiten publicar la obra durante un plazo de 5 años, con lo que ganes o pierdas puedes tener tu novela bloqueada sin publicar.

Un editor sabe que si un autor ha ganado premios de pequeña cuantía es que es bueno porque esos premios son más limpios.

Vicente Marco se iba a presentar al Premio Nadal hasta que leyó la base nº 14 acerca de que se quedan los derechos d ela obra para hacer con ella lo que quieran.

Los premios sirven para el curriculum, su último libro, que presentó al día siguiente, se ha publicado gracias a haber ganado otro premio y una editorial le llamó interesada en sus obras. Esta editorial, sevillana, se llama Autores premiados.
Los premios sirven para el curriculum y sobretodo sirven a los autores de relatos o de poesía, para los que es muy difícil publicar.

Una persona del público, un poeta ¡Dios mío!, intervino para contarnos que el se presenta a algunos premios importantes para saber si su obra es buena por el puesto en que queda, porque sabe que los premios importantes están dados, y citó a las editoriales Visor e Hiperión como culpables de esto.

Marta Querol, que también ha intervenido como jurado, comentó que a veces el jurado de pre-selección escoge cuatro novelas muy malas junto con la que debe ganar para que el jurado no tenga opción. En este caso el jurado es honesto pero el premio no.

Terminó José Luis diciendo que, habiendo tantísimos premios, la mayoría pasan desapercibidos y que la gente compra los premios comerciales.


Yo puedo añadir a todo esto que este verano hemos tenido el caso flagrante del Premio RBA de novela negra, dorado con 120.000 euros y que ha recaído en Michael Connelly.
El escrito se lo merece, tengo 20 novelas suyas, pero todo fue un montaje para robar el escritor a Ediciones B.

Y con esto... se acabó

jueves, 1 de noviembre de 2012

Hay que tener un plan


El otro día traía la charla de Fernando Ortega sobre cómo no se debe escribir.
Un punto de los que hablaba era sobre la necesidad que tiene él de hacerse una planilla de los acontecimientos de la novela.

Esta imagen es la planilla de La conjura de Cortés, que Matilde Asensi ha compartido en Twitter.

Así no me extraña que el coronel John "Hannibal" Smith diga siempre:
-Me encanta que los planes salgan bien.

domingo, 22 de abril de 2012

Vuelve nuestro amigo Arturo Pérez Reverte


Arturo Pérez-Reverte (@perezreverte)21/04/12.

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Hoy no viene en plan comecuras ni mentando a la madre de nadie, eso lo ha hecho hace un rato en Twitter.Hoy viene porque está escribiendo una nueva novela y lleva en paralelo un cuaderno con anotaciones sobre el trabajo..
Puede que a alguien le interese... o no.
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martes, 10 de abril de 2012

¿Alguien te cae mal y quieres cargártelo?

Hotel Kafka inicia un nuevo curso que tiene mucha relación con el libro Siete crímenes perfectos que comenté AQUÍ hace tiempo:


True Crime: Seminario de criminalística

Este proyecto, totalmente novedoso, cuenta con el asesoramiento de forenses, especialistas en balística y armamento, la ayuda de detectives y criminólogos que informarán a los escritores de las circunstancias reales que rodean un asesinato. El curso, coordinado por dos de los novelistas más significativos del género negro y policial de nuestro país: Rafael Reig y David Torres contará con la participación de guardias civiles, médicos forenses, químicos especializados en detección y análisis de del ADN y cadenas de custodia, así como psicólogos forenses, abogados criminalistas y detectives. 

Los alumnos obtendrán toda la información necesaria de los especialistas para resolver la escritura del crimen perfecto.
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Que ustedes lo maten bien
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martes, 18 de octubre de 2011

Esos "mardito" signos de puntuación


Uno de los defectos que con mayor facilidad deja en evidencia las pocas mañas literarias de un escritor es la puntuación incorrecta. Sobre todo a la hora de poner las comas donde toca. Sin embargo, hay autores que, en un arranque de rebeldía, se negaron a puntuar sus textos, aunque ello supusiera asfixiar a un lector que los leyera en voz alta.
Por ejemplo, el escritor polaco Jerzy Andrzejewski (1909-1980) publicó en 1962 una novela escrita por entero con una sola frase, cuyas primeras 40.000 palabras se suceden sin ser interrumpidas por ningún signo de puntuación.
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Sergio Parra habla en Página en blanco sobre escritores que se negaron a usar signos de puntuación. Esto me ha recordado una entrevista que le hicieron a Gabriel García Márquez sobre la ortografía, él defendía que no había que establecer reglas... hasta que le preguntaron si corregía las galeradas de sus libros. Ahí volvió al redil y se acabaron los experimentos.
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domingo, 31 de octubre de 2010

Libro: Los demasiados libros

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Los demasiados libros
Gabriel Zaid
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Edita Debolsillo
153 páginas, con nota bibliográfica e índice de nombres
1ª edición, mayo de 2010
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Este libro también lo reseñó Federico Jiménez Losantos en su blog este agosto pasado y decía de él:
-"Sólo por el ensayo breve o artículo largo que da título al libro vale la pena comprarlo. El mejor de los pazianos de Vuelta está en plena forma. Sin alharacas pero, como siempre, de lo más civilizado. Un libro confortador."
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El índice del libro, muy ilustrativo de lo que nos vamos a encontrar es el siguiente:
- Malthusiana
- Los demasiados libros
- Quejarse de Babel
- Los libros y la conversación
- Cultura y comercio
- Interrogantes sobre la difusión del libro
- La superación tecnológica del libro
- El costo de leer
- La oferta y la demanda de la poesía
- Cilicio para autores masoquistas
- Constelaciones de libros
- En busca del lector
- Diversidad y concentración
- Lectores en Wikilandia
- Todos los libros a mano
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«Un ensayo que aconsejamos a quienes, apenas entrar en una librería, notan un sudor frío recorriéndoles la espalda. Un libro útil... y aún más, un libro que proporciona consuelo.»
Luigi Mascheroni, Il Giornale (Milán)
«Gabriel Zaid lidia aquí con las preguntas que me formulo contínuamente: ¿Por qué demonios debería molestarme en leer estos libros? ¿Por qué se habrán molestado estos cabrones en escribirlos? Y para ello aporta varios datos estadísticos que son geniales.»
Nick Hornby, The Believer (San Francisco)
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El libro es una revisión de ediciones anteriores, siendo su primera edición de 1972 en Buenos Aires. En España lo editó Anagrama en 1996, 2001 y 2005.
Los diferentes capítulos son artículos que habían sido publicados en diferentes revistas y que han sido puestos al día para esta edición.
Es una interesante reflexión sobre los libros, la lectura y, sobre todo, las incontenibles ganas de escribir que tenemos los humanos.
Y lo que esto va a durar.
Ideal para una tarde de domingo en la mesa camilla. Lo de la mesa camilla es por la merienda, un chcocolate calentito, por ejemplo.
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Por cierto, al leer la anotación del blog del Pequeñín de Teruel me he dado cuenta que también recomendaba La librería de Penelope Fitgerald, que ya traje aquí hace unas semanas. Que conste que primero me llamó la atención fue la cubierta: el título y la ilustración. Luego, ya con él en la mano, leí la contraportada. No ha sido el primero, ni será el último libro en que pase eso.
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sábado, 30 de agosto de 2008

Perdón imposible


Perdón imposible
José Antonio Millán
Edita RBA Libros / Círculo de Lectores
172 páginas en la edición del Círculo de Lectores
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Este libro, una guía para una puntuación más rica y consciente, según se menciona en la portada, es uno de esos malditos libros que a medida que lees te das cuenta lo poco que sabes y lo cazurro que eres.
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Aquí se explica el punto, la coma, el punto y coma, los paréntesis, etc.
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Y puedes averiguar cuál es el único signo que se acentúa, pero con los ordenadores es imposible hacerlo.
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En resumen, un libro más que interesante y muy ameno.
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