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viernes, 21 de febrero de 2014

Libro: El hijo de Rembrandt


El hijo de Rembrandt
Le fils de Rembrandt
Robin
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Traducción de Manu Vidal
Edita Norma Editorial
1ª edición: junio de 2012
304 páginas
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Amsterdam, 1641. Rembrandt van Rijn y su esposa Saskia acaban de tener a su hijo Titus. Será el primero de sus vástagos que alcanzará la edad adulta. Al contarnos la vida de Titus, Robin nos descubrirá la de su padre, Rembrandt. Una vida plagada de altibajos donde se alternan la mayor felicidad y las peores desgracias: éxito y muerte, abundancia y miseria. 

El hijo de Rembrandt es una historia de amor, la de Titus van Rijn y Magdalena van Loo, una pequeña historia eclipsada por la gran historia, que el veterano dibujante Robin nos narra con una sencillez y sensibilidad conmovedoras.
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Es increíble cómo se puede expresar tanto con un dibujo tan sencillo, que de sencillo no tendrá nada. Dos trazos y poco más.

Muy bonita la historia, muy entretenido y muy interesante el dibujo.
Muy recomendable.

sábado, 10 de agosto de 2013

Curso de pintura


Este mes de agosto estoy yendo a un curso de pintura. Llevo poco más de una semana y el profesor dice que progreso adecuadamente, le voy cogiendo el tranquillo.

jueves, 14 de marzo de 2013

Libro: El maestro del Prado


El maestro del Prado
Javier Sierra
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Diseño de portada: Departamento de Arte y Diseño
Imagen de portada: Alejandro Colucci
Edita Planeta
1ª edición: febrero de 2013
350 páginas
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Al más puro estilo de los relatos de enigmas de Javier Sierra. 
El maestro del Prado presenta un apasionante recorrido por las historias más desconocidas y secretas de una de las pinacotecas más importantes del mundo, el Museo del Prado. Una historia fascinante de cómo un aprendiz de escritor aprendió a mirar cuadros y a entender unos mensajes ocultos que difieren de la ortodoxia de la Iglesia católica, una institución que en el Renacimiento era visto más como opresores que como espiritual. Una nueva obra que entusiasmará a los miles de seguidores de Javier Sierra.
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Su anterior libro, El ángel caído, me dejó un sabor agridulce, no me entusiasmó tanto como debería haberlo hecho pero ya expliqué los motivos.

Casi dos exactos años después vuelvo a tener en mis manos un libro de Javier Sierra y debo decir que esta vez no ha resultado igual.
Me ha sabido a poco, que es lo mejor que se puede decir de un libro.
No me ha convencido el final pero reconozco que no había muchas posibilidades, de hecho creo que sólo estaba ésta.

Aparte las teorías enrevesadas que explican los cuadros, por muy documentada que estén, que lo están, lo importante del libro, más allá de la historia, es que va a hacer pensar a la gente que se planta delante de un cuadro, y esto seguro que lo van a notar los vigilantes del Museo del Prado, que se va a llenar de lectores de Javier Sierra.

¡El Prado lleno! ¡Cagüeeeenn!

Entretenido y curioso.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Manolo Valdés en el Almudín


El jueves pasado fue la inauguración de la exposición de obras de Manolo Valdés en colecciones valencianas, principalmente en colecciones particulares y que, por tanto, no han sido vistas por el público.


La exposición se realiza en el Almudín, el antiguo almacén de cereal, un excelente marco para dar cabida a la obra del artista afincado en Nueva York.


La razón principal para ir a la inauguración es que se pueden hacer fotografías, el resto de días ya no dejan, o antes era así.
La razón para no ir era la fauna que me iba a encontrar.


La sorpresa nos la dio la alcaldesa pues fue ella quien inauguró la exposición, aunque Rita Barberá invitaba lo normal es que sea la concejal Mayren Beneyto quien acuda a estos eventos.

Mucho famoseo de pandereta había en la plaza de San Luis Bertrán esperando la llegada de los coches oficiales: un notario que no se pierde una, el lamentable expresidente del Valencia C.F. Juan Soler, el forense y exconsejero autonómico de Educación Alejandro Font de Mora, etc.


Por cierto, Rita no iba de rojo alcaldesa, y Mayren llevaba unos leggins con estampado de leopardo que debía haber quitado a su nieta y que no le sentaban nada bien con su peinado Arriba España.

¿Qué podemos ver en la exposición?
Pues aparte de sus conocidísimas  Meninas, en diferentes tamaños y materiales, podemos admirar cuadros, en diferentes técnicas, con color o sin él.



Por cierto (2): el Comando canapé también acudió, por supuesto, pero enseguida se fueron decepcionados porque no iba a haber piscolabis posterior.


Esta exposición en el IVAM, muy moderno, estaría bien, pero en este edificio no desentona en absoluto, las figuras de Manolo Valdés, a sean en escultura o en pintura, están en armonía con las figuras de los muros del Almudín.
No sé si esta hecho a propósito pero lo parece.


También hay una Dama de Elche, en menor tamaño que la que descansa en la rotonda de entrada a Valencia desde Ademuz, y también está hecha con damitas más pequeñas.



Por supuesto que habrá que volver otro día, en el que haya menos figurantes.


domingo, 4 de noviembre de 2012

Horripilosa, dicen


La exposición tiene como finalidad dar a conocer dos dibujos preparatorios realizados por el pintor y tratadista Acisclo Antonio Palomino de Castro y Velasco (Bujalance, Córdoba, 1655 - Madrid, 1726) para la pintura al fresco de la bóveda de la nave de la iglesia de San Juan del Mercado, obras incorporadas a la colección del Museo de Bellas Artes de Valencia gracias a la adquisición efectuada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 

Se trata de los dibujos correspondientes a las figuras alegóricas de La Bondad y La Paz, pintadas al fresco como estatuas fingidas y tocadas de oro, que junto con las de la Caridad, Longanimidad, Benignidad, Fe, Conciencia, Gozo, Paciencia, Mansedumbre, Modestia y Castidad forman el conjunto de los doce frutos del Espíritu Santo que se disponen en la base de la bóveda en los espacios intermedios entre los lunetos, y sobre ellas, sentados sobre un trono de nubes, se distribuyen las figuras de los Apóstoles. En la pintura de la nave desarrolló la descripción de la Jerusalén celestial a partir del relato del Apocalipsis de San Juan (22, 1-3) y del texto de San Mateo (19, 28), en relación con las figuras de los Doce Apóstoles y su correspondencia con los Frutos del Espíritu Santo y los hijos de Jacob o las Tribus de Israel, cuyas efigies escultóricas realizadas por el milanés Jacopo Bertessi adornan los pilares de la iglesia. 

La decoración pictórica de la iglesia por Palomino, pintor de Cámara de Carlos II, se inició en 1699 y estuvo terminada con motivo de la festividad de San Juan Bautista de 1701. Palomino comenzó a trabajar en la bóveda del presbiterio donde desarrolló mediante un complejo programa iconográfico La Apoteosis de la Iglesia en torno a la Adoración del Cordero Místico, en la que adquieren un papel protagonista San Juan Bautista y San Juan Evangelista como santos tutelares de la iglesia.

Tomado del folleto de la exposición


Parece ser que la Iglesia de San Juan del Mercado o de los Santos Juanes no gustó. Horripilosa han llegado a llamarla.

Creo que la última que entré en ella fue el año pasado, antes de que abrieran la Capilla de la Comunión, cerrada desde la Guerra Civil debido a los daños que sufrió.
La iglesia está sucia, muy sucia, pero...

Horripilosa.
¡JA!

miércoles, 22 de agosto de 2012

Te quedas a cuadros

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En el Centro del Carmen han inventado una modalidad que es comparar cuadros.
Esta vez, no es la primera, les ha tocado a Sorolla y Zuloaga y sus respectivas familias.
En una pequeña sala del museo podemos observar -en dos paredes contiguas, lo que favorece la comparación- Mi mujer y mis hijas en el jardín (1910) de Joaquín Sorolla y Mis primas (1903) de Ignacio Zuloaga.

Quien ha escogido los cuadros no es, evidentemente, muy amigo de la pintura de Zuloaga, yo tampoco.

Los cuadros se pueden comparar hasta el 14 de octubre.
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jueves, 3 de noviembre de 2011

El tío Chimo tiene, por fin, su espacio

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El fin de semana pasado fui a ver la Sala que han dedicado a Joaquín Sorolla en el Museo de Bellas Artes, antes Museo de San Pío V.
Ya era hora que organizaran en el museo las obras del pintor, con un montaje didáctico, siempre, con las pegas que pongo, el nulo contraste en los letreros y su ínfimo tamaño. A esto se añade, esta vez, que la ubicación de los letreros no era especialmente afortunada, a veces estaban en el sitio más peligroso para el cuadro de al lado.
Pero no quería hablar de esto, quería hablar del cuadro que llena la sala, el retrato de la Familia de Estanislao Granzow.
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Este cuadro fue objeto de una exposición especial antes del verano en el Centro del Carmen rodeado de los estudios y bocetos que realizó el pintor para llevar a cabo la obra definitiva.
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El conjunto de la familia Granzow fue pintado por Joaquín Sorolla en 1905 y formaba originariamente un díptico. Tras la muerte de Estanislao Granzow el conjunto se dividió quedando la composición largo tiempo separada y dispersa. Una de las partes fue adquirida por el ministerio de Cultura y la otra por la Generalidad Valenciana años después.
Ahora se exhiben nuevamente reunidos con un marco que es reproducción exacta del que Sorolla encargara específicamente en 1905.
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La pena es que los bocetos, propiedad de coleccionistas particulares, no estén expuestos en el museo permanentemente porque se puede estudiar los cambios, sutiles y no tan sutiles, que el pintor introdujo en los gestos y sobre todo en las manos.
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El pintor incluyó este retrato en exposiciones internacionales tan importantes como la de París de 1906, la de Londres de 1908, la de Nueva York, Búfalo y Boston de 1909 y las de Chicago y San Luis de 1911, lo que prueba el aprecio que debió sentir por este trabajo.
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Hay que destacar que estas exposiciones eran individuales, no en grupo como realizaban artistas de diferentes estilos y tendencias, y que hasta hace pocos años la exposición de Sorolla en Nueva York de 1909 mantenía el récord de visitantes para una exposición individual.
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Sorolla, una asignatura medio aprobada en el Museo de Bellas Artes y una excusa, si es que hacen falta, para volver al museo, considerado hace años como el mejor del arte anterior al del Museo del Prado.
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lunes, 31 de octubre de 2011

Cine: Rembrandt

Rembrandt 
Rembrandt 
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Año de producción: 1936 
País: Reino Unido 
Dirección: Alexander Korda 
Intérpretes: Charles Laughton, Gertrude Lawrence, Elsa Lanchester, Edward Chapman, Walter Hudd, Roger Livesey, John Bryning 
Guión: June Head, Lajos Biró, Carl Zuckmayer
Música: Geoffrey Toye 
Fotografía: Georges Périnal 
Duración: 85 min.  
Género: Biográfico, Drama 
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Tras morir su esposa, la pintura del artista Rembrandt van Rijn se vuelve oscura y pesimista. Después del éxito de La vida privada de Enrique VIII, los Korda y Charles Laughton volvieron a unir esfuerzos en otro film biográfico, sobre los altibajos sentimentales del genial pintor holandés a partir de 1642. Su falta de ánimo afecta a los cuadros, que no gustan a los clientes del pintor, lo que le hunde en la pobreza. Por otra parte, volverá a encontrar intereses amorosos, aunque la muerte seguirá acechando. 
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Interesante biografía del pintor centrada en una parte concreta de su vida. Aparece su famoso cuadro "La ronda nocturna", asistimos a la entrega a sus clientes, vemos la reacción de los mismos y escuchamos la explicación que da Rembrandt sobre la pintura.
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Acompañando a Charles Laughton aparece Elsa Lanchester,  su esposa en la vida real, con quien colaboró en otras películas, por ejemplo, Testigo de cargo.
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miércoles, 18 de agosto de 2010

Libro: la luz artificial en la pintura moderna

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La luz artificial en la Pintura Moderna
De la Ilustración a las Vanguardias
Carlos Reyero

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Fotografía de portada: Giacomo Balla, Luz de la calle
Edita Ediciones Nobel
187 páginas, con abundantes fotografías y créditos fotográficos al final
1ª edición, 2002
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Antes de que me vaya por los cerros de Úbeda tengo que decir que este libro es muy interesante para aquellas personas que les guste profundizar en temas de arte y para los que no también pues hay una gran variedad de imágenes de cuadros, algunos muy conocidos, otros no. .
No me acuerdo cuándo lo compré, pero cuando lo cogí para leerlo, ya le iba tocando su turno, tenía cierta prevención por si me aparecían gráficos de frecuencias visbles e invisibles de la luz, y lo mismo con los colores.
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Nada de eso, sólo pintura. ¡Sólo pintura!
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Carlos Reyero empieza el libro como deber ser, con la creación de la luz, que nos viene contada en el Génesis.
La primera intervención creadora de Dios consistió en la creación de la luz. En los orígenes del mundo , cuando "la tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo dijo Dios: "Haya luz"; y hubo luz. Y vio Dios ser buena la luz y la separó de las tinieblas; y a la luz llamó día, y a las tinieblas noche".
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Por lo tanto, la luz está presente desde el principio de todos los relatos sobre el origen del universo. No debe resultar extraño, pues, que sean tantos los significados asociados al carácter primigenio y clarificador de la palabra luz en el lenguaje cotidiano: luz de la razón, arrojar luz, a todas luces, dar a luz, sacar a la luz, ser la luz, ver la luz... Son casi infinitas, como consecuencia, las capacidades metafóricas del término en la literatura y el arte, más allá de su misma existencia como fenómeno físico, por lo que su evocación o representación encierra múltiples sugerencias expresivas.
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Desde las culturas más antiguas, el control de la luz ha supuesto un tesoro preciado. Más allá de la interpretación mítica, desde la Prehistoria al siglo XIX, el fuego -es decir, la luz que produce la combustión de un producto gracias al oxígeno- ha constituido el medio habitual de iluminación.
Luego fueron dándose paso relativamente pequeños ante lo que significó la aplicación de la electricidad a la iluminación a finales de siglo XIX.
En los diversos movimientos artísticos que se producen a lo largo del siglo XIX -el Romanticismo, el Realismo, el Impresionismo, el Postimpresionismo, el Simbolismo- se encuentran representaciones de focos de luz artificial que alteran la percepción del mundo y de las gentes. Desde una concepción todavía sensorial y emotiva de la pintura, los modos de iluminación aparecen cargados de contenidos.
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Con las vanguardias históricas, es decir, con las revolucionarias interpretaciones que la creación artítica sufrió en el primer tercio del siglo XX, se cierra un ciclo, al tiempo que se sientan las bases de lo que constituye la práctica pictórica desde entonces. El fenómeno luminoso ya no es una mera experiencia empírica susceptible de transformarse en una imagen inmutable, sino que queda incardinado en la compleja realidad de la vida, multiforme, fragmentaria, contradictoria.
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En castellano se dice que una persona tiene luces cuando utiliza la razón. La relación que se establece entre la razón y la luz constituye algo más que una metáfora: no sólo se trata de una realidad histórica y terminológica, sino que plásticamente la luz -un foco de luz que es controlado por el ser humano- contribuye a aclarar, a comprender, la realidad del mundo.
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Uno de los pintores que nos ha dejado imágenes más sugerentes es el británico Joseph Wright of Derby. Una de sus obras más conocidas es Experimento con la bomba (1768, Londres, Tate Gallery). Gracias a la luz artificial, el pintor es capaz de producir tensión dramática, al tiempo que genera un espacio poético y misterioso, donde se pone de relieve la oposición entre la supuestamente fría experimentación científica -un pájaro muere para demostrar la ausencia de oxígeno- y la emoción que suscita, según las edades y sexos, en los distintos seres humanos que contemplan la escena.
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La pintura alemana del Romanticismo cuenta con diversos ejemplos de escenas íntimas donde la luz artificial, lejos de constituir una realidad física objetiva, como cualquier otro elemento igurativo del cuadro, se emplea para sugerir una atmósfera que está más allá de lo sensible.
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En lo que se refiere a la luz artificial, en concreto, el artista más interesante es problamente Georg Friedrich Kersting, amigo íntimo del famoso paisajista Caspar David Friedrich.
En Muchacha cosiendo junto a una lámpara (1828, Munich, Neue Pinakothek) descubrimos una delicadeza misteriosa, donde se diría que se percibe el silencio y el vacío. La luz contribuye, indudablemente, a dotar de aspecto mágico al inmenso ámbito que queda iluminado, donde la figura solitaria parece acompañada por ella, como si se nos hubiera revelado un misterio divino.
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Los progresos que se llevaron a cabo en la iluminación atificial a lo largo del siglo XIX no cambiaron radicalmente la visión nocturna de la ciudad hasta los años finales de la centuria. Pero ya antes, al menos desde el Romanticismo, se aprecia en algunos artistas un interés específico por esta variante del paisaje. Hay que tener en cuenta que, a partir de la mitad de siglo sobre todo, la ciudad es un escenario fundamental de la vida cotidiana y lo cotidiano era ya, y cada vez más desde entonces, objetivo primordial de la pintura.
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En el marco de las corrientes realistas, las luces empiezan a ser percibidas como un elemento más de la realidad visual que no altera ni interfiera ninguna emotividad.
Es el caso de la obra titulada Piazza San Marco (1869, Roma, Galleria d'Arte Moderna) dle napolitano Michele Cammarano, amigo de los españoles Fortuny, Tusquets y Benlliure: artista caracterizado por una pincelada escueta y constructiva, aborda este tema como un estudio de luces, donde domina el color negro sobre el que destacan toques de color muy sintéticos y vivaces, que han recordado a Manet.
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La imagen de brillantez, deslumbramiento y opulencia que se pretende dar a las grandes fiestas burguesas va acompañada, tanto en literatura como en pintura, de constantes referencias a una potente iluminación. Enormes arañas, con sofisticados colgantes de cristal de roca multiplican los efectos luminosos, o modernos globos blancos estratégicamente situados inundan de una luz particular los espacios hasta envolverlos de fantasía y bienestar.
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Los pintores de la Inglaterra victoriana se interesaron, quiza más que los de ningún otro país, por los temas de género en toda su diversidad. La vida social, con gran tradición desde los tiempos de Hogarth, constituyó un campo temático en el que encontraron no sólo gran fervor del público, sino incluso una seña de identidad británica cuando eran vistos desde el extranjero.
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Particular atención les merecieron aquellas perturbaciones de esa vida sobre la rutina doméstica, como la prostitución o el adulterio. Es el caso de En el borde (1865, Cambridge, Fizwilliam Museum), de Alfred Elmore, que se expuso en la Royal Academy de Londres en 1865.
Es bien sabida la alta incidencia de la prostitución en el Londres de la segunda mitad del siglo XIX, pero los pintores no solían abordar el argumento en su dimensión social o política más cruda, sino en tanto que episodio anecdótico emotivamente reprobable.
El título, que proporciona la correcta pista argumental para comprender el mensaje, precisa también su alcance moralizante. La luz rojiza de los globos que iluminan la sala de juego de Homburg, desde la cual el varón corteja a la muchacha, cumple una función ambiental y simbólica: al fondo se desarrolla el ocio de las clases pudientes, de donde escapa el varón ardiente para acercarse a la joven que, iluminada con otra luz, problamente lunar, se encuentra al borde del pecado.
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Toda al pintura europea en la órbita del Realismo fue muy permeable a asociar la tenue luz de las casas con el ambiente cálido y protector de la familia que se reúne en torno a ella. Un ejemplo muy sugerente se encuentra en el cuadro de Orlando Borrani que lleva por título La luctuosa noticia (El boletín del 9 de enero de 1878) (1880, Florencia, Galleria d'Arte Moderna del Palazzo Pitti): una jovencita, en segundo término, lee el periódico, que tiene abierto entre sus manos, a otras dos mujeres, una de mediana edad y otra anciana, que están junto a ella en torno a una mesa sobre la que pende una lampara de petróleo con la tulipa decorada con fragmentos de tela. Ello produce una iluminación concentrada sobre los rostros apesadumbrados, descritos con una minuciosidad realista, y sobre la mesa donde está la lectura y la labor de costura que acaban de dejar, elementos que emergen de la oscuridad con gran intensidad.
La luz arropa la intimidad, en ese deseo curiosos por conocer más detalles sobre lo que acaba de ocurrir: la muerte del primer rey de Italia, Víctor Manuel II. Iluminación casera, prensa y repercusión cotidiana d euna noticia política, que constituyen dimensiones específicas de la modernidad, aparecen reunidas en el cuadro, en apariencia intrascendente. Pero también nos encontramos ante una interpretación renovada del viejo tema de las tres edades. Es, por tanto, una alegoría de la vida en clave cotidiana.
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En los impresionistas descubrimos un particular interés hacia el fenómeno de la luz artificial, cada vez más presente en las diversiones públicas nocturnas, o a dejar constancia de los procedimientos modernos de iluminación. En ese sentido, bailes y cafés les resultaron temas muy adecuados para estudiar sus problemas de representación.
Una de las pinturas más ambiciosas de Pierre-August Renoir, que lleva por título El baile en el Moulin de la Galette (1876, París, Musée d'Orsay) constituye uno de los más consumados ejercicios pictóricos sobre la cuestión de la iluminación en términos puramente visuales. El cuadro se ambienta en el exterior del popular restaurante de Montmartre, donde es posible ver los grandes globos luminosos al fondo.
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Otro autor que realiza varias obras sobre este mismo tema es Vincent van Gogh, uno de ellos es Terraza del café o Exterior de café (1888, Otterlo, Rijksmuseum Kröller-Müller), evoca un local que frecuentaba, situado en la place du Forum, en Arlés. Según su propio testimonio, esa vista nocturna está inspirada en la descripción que Guy de Maupassant hace de las noches estrelladas de París en la novela Bel Ami, con las luces brillantes d elos cafés que compiten con las del firmamento. El artista confiesa que le divierte pintar ese tipo de escenas del natural porque "es la única manera de acabar con las escenas convencionales de nocturnos con sus pobres y cetrinas luces blanquecinas".
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Impresionistas y postimpresionistas habían sido los primeros en ser conscientes de las consecuencias que la luz eléctrica tenía sobre la visión de las cosas, que constituía entonces el principal objetivo pictórico.
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Los artistas de vanguardia fueron muy sensibles a una reflexión intelectual y estética sobre los profundos cambios que los inventos técnicos y científicos provocaban en el mundo.
El fauvismo, en tanto que primer movimiento de vanguardia, estableció una nueva concepción de la luz en la pintura, basada en la negación de las sombras. Se hace proceder la luz de los propios colores, que poseen una nueva e intensa luminosidad.
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Albert Marquet fue condiscípulo de Matisse, padre del fauvismo. En su obra suelen aparecer paisajes límpidos, sin impurezas, como si la luz eliminara toda opacidad. Elige temas donde existen, de suyo, colores variados y contrastados, o bien que se presten con naturalidad a una interpretación ajustada a una gran intensidad luminosa.
Estas particularidades se reconocen en su obra El Pont Neuf de noche (París, Centre Pompidou-MNAM-CCI) que ofrece una panorámica del centro urbano de París, donde se produce una auténtica eclosión luminosa. Los focos centellean con intensidad hasta constituir por sí mismos manchas integradas de luz y color, que vibran sobre la superficie del cuadro.
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Edvard Munch es un caso elocuente del choque de sensibilidades representadas por el modernismo simbolita y los artistas de la vanguardia expresionista, prefigura un talante angustioso de la pintura que resulta marcadamente distinto, donde la luz se percibe como un latido que pugna por escapar de los estrechos límites de los seres.
A través de distintas obras se enfrenta con uno de los temas más sobrecogedores del fin de siglo: la espantosa obligación de la existencia, dicho en otras palabras, la angustia de vivir.
Este es el argumento que subyace en La avenida Karl Johan al atardecer (1893-94, Bergen, Colección Rasmur Meyer). Por la calle, en una perspectiva tan forzada que llega a parecer un tunel que enlaza con la nada, camina una multitud que viene hacia nosotros como impulsada por una fuerza nacida del más allá. Prosiguen en manada, incomunicados entre sí y sin conciencia alguna del destino al que se dirigen. Sus rostros resultan vacíos, casi parecen muertos.
La presencia de la luz constituye un elemento formal y simbólico de gran importancia. Por una parte hay una luz interior, que es la que ilumina a los personajes como si fueran espectros, sonámbulos que vagan sin destino conocido. Por otra parte, se distingue el tenue resplandor de las ventanas de las casa que empiezan a iluminarse con la caída del día.
Frente a las gentes casi muertas, los edificios parecen extrañamente vivos, como si albergasen una espiritualidad capaz de sacarlos de sí mismos.
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Los pintores americanos trataron siempre de hacer una lectura personal de los hallazgos europeos con cierto tono de subversión.
Su interés temático se dirigía hacia los arrabales urbanos, la vida degradada y los tipos marginales.
En algunas pinturas de John Sloan, como la titulada Paso elevado de la sexta avenida con la calle tercera (1928, Nueva York, Whitney Museum of American Art) parecen reconocerse contaminaciones visuales procedentes de los medios de comunicación de masas. Los reflejos luminosos que salen del interior del tren, la iluminación de las farolas o la de los escaparates tienen reminiscencias cinematográficas.
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René Magritte concibe la pintura como una representación teatral de un pensamiento nacido de una inspiración brillante. Las apariencias visibles resultan sólo un juego con el que es posible provocar una sorpresa. Sus imágenes resultan muy poéticas porque generan relaciones inesperadas y sugerentes entre las cosas, lo que invita a desarrollar la imaginación de quien las contempla. Pero al mismo tiempo, producen una inquietante turbación porque no hay posibilidad de que sean explicadas en términos lógicos.
Del cuadro El imperio de las luces (1954, Bruselas, Musée Royaux des Beaux Arts), donde la luz cobra un protagonismo esencial, existen varias versiones. Como es habitual, Magritte elige motivos extraídos de la realidad que, en sí mismos considerados, están descritos con rigurosa verdad. es la relación que se establece entre ellos la que genera una desorientación por su falta de sentido: el cielo diurno no se corresponde con las sombras y la iluminación nocturna.
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Hasta aquí un aperitivo de lo que nos muestra esta más que interesante obra de Carlos Reyero.
Los textos están extraídos del libro y dan una idea del lenguaje explicativo y comprensible del mismo.
Desde aquí felicito al autor y recomiendo su libro.
Muy, muy recomendable.

martes, 13 de julio de 2010

Exposición: Ramón Gaya

"Que deba ser silencioso y no pueda, en cambio, ser mudo, es la mayor dificultad técnica del arte".
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El IVAM ha querido sumarse a las actividades que se celebran por el centenario del nacimineto del pintor con la exposición Ramón Gaya. Homenaje a la pintura.
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Ramón Gaya se consideraba “un pintor que escribe”. Su legado es una obra pictórica dotada de una gran coherencia, que poco a poco se va depurando, haciéndose progresivamente más esencial, pintando cada vez más con menos y sin perder nunca el referente de la realidad. Asimismo es buen conocedor de la historia del arte y, de forma muy rigurosa, fundamentada en un pensamiento de gran hondura y singularidad, nos enseña en sus cuadros y en sus escritos a reconocer y valorar el resultado de la acción creadora de unos cuantos elegidos pintores, escultores, poetas o músicos.
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La exposición de cincuenta cuadros es una magnífica ocasión para contemplar una selección de pinturas de las que buena parte son “homenajes”, es decir encuentros de Ramón Gaya con los pintores que más admira en el escenario del lienzo o del papel. Un recorrido asistemático por las obras de una serie de pintores, dispares en su procedencia geográfica, alejados en el tiempo, distintos en su apariencia formal pero todos ellos poseedores de una gran fuerza creativa y con los que siempre encuentra un rincón para conversar.
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Ramón Gaya dijo de Velázquez:
Velázquez no quiere en modo alguno, apoderarse de la realidad, sino al contrario, darle salida, salvarla de sí misma, libertarla; no quiere aprisionarla y, con la complicidad de su talento de pintor, transformarla después en magnífica pieza de arte.
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Es una mágnífica exposición que se puede visitar hasta el 5 de septiembre. Una forma estupenda de ver a los grandes pintores de todos los tiempos a través de la visión de un pintor de nuestra época.
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De Van Gogh dijo:
Van Gogh viene a llamarnos la atención sobre tal almendro, o tal ciprés, o tal puente, o tal girasol, o tal silla, y a decirnos que no son cosas, sino seres, más aún, personas completas, almas en carne viva.
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domingo, 4 de julio de 2010

Luis María Anson y Turner

Luis María Anson, si hoy es domingo Anson lleva el acento en la S, digo, publicó el viernes en EL CULTURAL un artículo titulado "Turner en la cima" con ocasión de la exposición de Turner en El Prado.
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Es un artículo estupendo, es imprescindible haberlo leído antes de ver la exposición del genial pintor inglés.
De hecho voy a proponer en el "feisbuk" que en las puertas del Museo pregunten a los visitantes potenciales si lo han leído y si la respuesta es negativa, como decía aquel: "A la puta calle".
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Coincido con Anson en su pasión por la lectura, el arte, la cultura en general y por las mujeres bellas, él ha sido jurado en innumerables concursos de belleza, yo no, y diferimos en su pasión por la monarquía borbónica y especialmente por Don Juan a quien él llama Juan III.
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Pero sus artículos de EL CULTURAL hay que lerlos, sí o sí. Los dominicales de EL MUNDO... a veces.
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"... La exposición del Prado ha confirmado para mí la dimensión estelar de un pintor que sobrecoge. Es curioso. Inglaterra ha dado al mundo el mejor escritor, tal vez, de la historia de la Literatura universal: Shakespeare. Quizá también el mejor pintor.
Joseph Mallord William Turner se adelantó cien años a la abstracción. Muchos de sus cuadros, sobre todo los que representan el mar o la tormenta, salvo pequeñas anécdotas figurativas, son pinturas abstractas en las que se subraya la descarga emocional del color y de la luz
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"... Turner es a veces la oquedad crepuscular de la nada, la cifra terminal de lo perpetuo, el pincel que se oxida en los recuerdos devastados. Es la cicatriz inmensa del mar, el declive cereal del frío y la tormenta, las cenizas de la noche, el color brumoso y genital, el atardecer de la desmemoria y el olvido, el sentimiento oscuro de la vida y de la muerte. De la muerte, sobre todo la de su madre, loca de atar, que falleció en un manicomio y eso marcó agriamente la vida del artista."
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"... El pintor británico se enfrenta a las geografías devastadas, a las batallas navales destruidas por la abstracción del agua y el color, a los péndulos furtivos del cosmos engendrador. Su pintura anticipa el siglo XX y sobrecoge al espectador, atónito ante tanta calidad, ante tan rotunda explosión de la belleza y el pensamiento.
En mi opinión, Turner no fue precursor del impresionismo. Goya, sí; Turner, no. El pintor británico se adelantó cien años al arte abstracto, aunque no sé muy bien por qué tal afirmación inquieta a sus exegetas. Tormenta de nieve o Sepelio en el mar, así como varias docenas de óleos y acuarelas no expuestos en el Prado, son de hecho cuadros abstractos. Turner envuelve sus colores “en las cóncavas comarcas de la niebla” y se sitúa, sin altiveces pero sin ceder ante nadie, en la cumbre de la pintura universal."
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martes, 8 de junio de 2010

Libro: La próxima vez

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La próxima vez
La prochaine fois
Marc Levy
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Traducción de Isabel Margelí
Edita Roca editorial
233 páginas
2ª edición, de octubre de 2005
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Tercera novela que leo de Marc Levy, las otras fueron Las cosas que no nos dijimos y Los hijos de la libertad.
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Jonathan Gardner, especialista en arte, vive obsesionado con la obra del pintor ruso Vladimir Radskin. Cuando está a punto de casarse, su vida da un giro inesperado: la desaparecida obra maestra de Radskin ha sido hallada y va a subastarse en Londres. Gardner inicia un periplo en el que conocerá a Clara, una galerista, y descubrirá que entre la joven, el cuadro y una misteriosa anciana hay un vínculo que supera los límites del tiempo y el espacio.
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Libro que trata sobre un cuadro perdido del pintor Vladimir Radskin. Nuevamente un libro sobre un cuadro perdido, hace poco más de un año ya leí sobre un cuadro perdido de Picasso.
Si aquel era un libro muy real, con muchos datos fruto de la investigación de la autora, en este caso es una historia irreal, con una trama bien montada aunque a veces las regresiones en el tiempo no terminan de estar claras.
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Los personajes deben tener un bonoavión porque van de Londres a Boston y al revés como si fuera cruzar la calle.
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El libro está descatalogado por la editorial según indica La Casa del Libro, por lo menos la edición en tapa dura que yo compré por dos euros frente a los 17 anteriores, aunque están preparando una edición de bolsillo.
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De los tres libros del mismo autor es el más flojo para mi gusto, pero por el precio que pagué no me voy a quejar.
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Prescindible si hay algo mejor que leer/hacer.
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miércoles, 12 de mayo de 2010

Libro: El cielo de Madrid

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El cielo de Madrid
Julio Llamazares
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Ilustración de cubierta de Carlos Díez Bustos, El círculo (detalle) 1999
Edita Punto de Lectura
254 páginas
1ª edición, abril de 2006
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En el último cuarto del siglo XX, en España se produjeron el final de la dictadura, la llegada de la democracia, el despertar al mundo y a la libertad, y nacieron y se abandonaron algunos sueños... En medio de esas turbulencias, Carlos y sus amigos, un grupo de artistas y escritores que, como tantos a lo largo de la historia, llegaron a Madrid buscando el triunfo, pasan de la inocencia a la madurez, de la juventud al éxito o al fracaso, y encuentran que ni el éxito ni el fracaso son como ellos se habían imaginado.
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El cielo de Madrid es una reflexión sobre la búsqueda de la felicidad, que para el protagonista-narrador y sus amigos simboliza el cielo de la ciudad.
Es la primera obra de Julio Llamazares y, aunque he leído que no es la más redonda de las suyas, me ha gustado.
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"Como me dijo Suso una vez hablando de la literatura, ésta es una actividad en la que había que dominar todas las herramientas del oficio, pero sin olvidar nunca que no lo era. Lo cual servía también para la pintura, cuyas herramientas son, además, más físicas."
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" -Madrid no es una ciudad, Madrid es una entelequia... ¿Tú sabes lo que es una entelequia? -me preguntó muy serio, mirándome.
-Por supuesto -dije yo, sin saber adónde me iba a llevar.
-Cualquier ciudad de verdad: París, Londres, Nueva York..., está a la orilla del mar o de un río en condiciones. ¿Qué río tiene Madrid?... Ninguno -se respondió él mismo-, ¿Y por qué? Pues porque Madrid es una entelequia...¿Y cuáles son los mitos de Madrid? -siguió pensando en voz alta-. ¡El oso y el madroño, ya ves tú, que ni hay osos ni madroños y dudo que los hubiera nunca!
-¿Tú crees? -me atreví a contradecirle yo.
-¿Cómo que si lo creo? -me miró, con cierto recelo-. ¡Por su puesto que lo creo!... ¡Pero si aquí no había ni tomillos! Si esto era un solar baldío que no valía ni para criar hurones... ¡Y la catedral! ¿Qué me dices de la catedral -exclamó, mirándome nuevamente-, que la han hecho en cuatro días y a destiempo? ¿Te parece eso una catedral a ti?
-Pues no -corroboré con un gesto, no fuera a ser que se molestara."
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Es interesante leer una entrevista que le hizo Félix Linares al autor en 2005 en el Aula de Cultura Virtual de EL CORREO, presentando la obra.
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viernes, 11 de diciembre de 2009

El perro de Goya

Está ahí enterrado, con el agua al cuello. Con la pintura al cuello. Con la materia al cuello. Con todo el ocre y el amarillo al cuello. Enterrado por el mundo y la historia. A punto de que la noche se lo trague. A punto de que las olas de la oscuridad lo empujen hacia el fondo. Enterrado por el hombre, que es quien debería estar ahí enterrado, en su lugar. Todo es un malentendido. Una confusión sin principio ni fin.
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Se ha dejado llevar. Se ha dejado ir. Se ha dejado estar. Se ha olvidado de sí y de su enterramiento. (...)
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Al final de cada número de la revista Descubrir el ARTE escribe algún invitado sobre un cuadro.
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Esta vez le ha tocado a Carlos Marzal, del que copio un fragmento de su artículo, y el cuadro que ha elegido es "Perro semihundido" de Goya. Un cuadro realizado con técnica mixta sobre pintura mural transferida a lienzo. Fue pintado por el autor aragonés entre 1819 y 1823 y se encuentra en el Museo del Prado.
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Pongo dos fotografías del cuadro porque no recuerdo la tonalidad real del cuadro.
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domingo, 6 de septiembre de 2009

Las maletas de Cristobal Toral

Ha sido una casualidad que dos días después de poner una anotación sobre las maletas fuera a ver una exposición de Cristobal Toral en el Almudín..
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No sabía que hubiera una exposición de él, y al verlo me dije, vamos a ver más maletas.
La portada que aparece a la izquierda pertence a un catálogo de una Exposición retrospectiva que se hizo de su obra en junio de 1992 en la sala San Prudencio de Vitoria.
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Este autor de Torre Alhaquime (Cádiz) tiene varios temas predilectos en sus obras, como son las maletas, los desnudos de mujer y los bodegones, y que en algunos casos mezcla entre ellos.
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Se le considera uno de los grandes referentes del realismo mágico español del siglo XX. Es uno de los pocos pintores que ha entendido la vanguardia a su manera. Y por eso, además, es reconocido como uno de los artistas españoles más singulares y de mayor responsabilidad.
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Su obra, que mezcla una figuración realista con imágenes oníricas, habla de viajes y trayectos, reales o imaginativos, porque según él “nunca como en el siglo que vivimos se ha viajado tanto y se ha visto tanto equipaje”. Además en toda su trayectoria el pintor se manifiesta a través de diferentes actividades, como: óleos, dibujos, acuarelas, esculturas y lo que ahora se llama instalaciones.
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Además de ver la exposición he tenido la oportunidad de poder contemplar con tranquilidad el interior del edificio. Con tranquilidad y con cierta calidad, porque no hay paneles que corten la perspectiva y están encendidos los focos que iluminan las pinturas en los muros, no como otras veces.
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Pero no puedo mostrar imágenes del interior porque está prohibido realizar fotografías. No entiendo el criterio del Ayuntamiento, si es que hay alguno, porque media hora antes, en la Casa-Museo de Benlliure, sí pude hacer fotos en el interior, eso sí, sin flash.
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