Ayer leí, gracias a Twitter, una espléndida crítica de Santiago González a la gala de los premios Goya del pasado fin de semana:
Desde hace tiempo tengo la impresión de que alguien ha engañado a Eva Hache, haciéndola creer que es una humorista cuando se trata sólo de una caricata. Su medida exacta era el programa de Wyoming o el Club de la Comedia. Y no. Al verla en estas lides, a mí me recuerda mucho gestualmente y algo en la voz a Gracita Morales. Eva habla mejor inglés, pero tengo para mí que Gracita era más inteligente.
Hubo momentos inenarrables, como cuando definió la especial jurisdicción de los actores: “la máxima autoridad para nosotros, el presidente de la Academia, Enrique González Macho”. O cuando destacó que el cine español ha ingresado en taquilla 106 millones este año, un dineral, aunque calderilla si lo comparamos con lo que se perdió en Bankia, o “lo que se va a llevar el Adelson este”. Pudo elegir otros términos de comparación, claro: lo que llevaba a Andorra el mayor de los Pujol, “casi diez veces menos que la pasta que repartió la Junta de Andalucía a sus amiguitos con los falsos EREs”, pudo haber comparado, o el expolio del Palau.
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Lo único que añadiría yo es que muchos de estos mismos artistas, u otros, me da lo mismo, estuvieron muuuuuuuuchos años negándose a hacer ningún reproche a ETA en el festival de San Sebastián porque decían que no había que mezclar el festival con la política.
Al final tuvieron que hacerlo pero fue con la boca pequeña, claro.
Lo que critico no son sus ideas, faltaría más, es su hipocresía.




