Mostrando entradas con la etiqueta Javier Cercas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Cercas. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de enero de 2015

Cine: Soldados de Salamina (2003)


Una novelista que ha dejado de escribir rastrea una historia real sucedida en los últimos días de la Guerra Civil: el escritor y falangista Rafael Sánchez Mazas fue fusilado junto a otros cincuenta prisioneros, pero logró huir y esconderse en un bosque. Al parecer, un soldado de los que peinaban la zona para capturarlo lo encontró, pero lo dejó escapar. La escritora recompone las piezas de este rompecabezas plagado de contradicciones y personajes enigmáticos. Con sus investigaciones, aunque no sea consciente de ello, no sólo busca la verdad de esa historia, sino encontrarse a sí misma.

Resumen tomado de filmaffinity.com.es
.
Admirable, ojalá el cine español tuviera un nivel medio cerca del de esta película y ojalá, otra vez, las películas sobre la guerra civil copiaran la falta de resentimiento y maniqueismo que tiene esta película.
La novela no la he leído.

Muy, muy recomendable.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Javier Cercas ayer en EL PAÍS

Democracia y derecho a decidir 

Es posible que en los últimos tiempos estemos viviendo en Cataluña una suerte de totalitarismo soft; o, por usar de nuevo el término de Pierre Vilar, una suerte de “unanimismo”: la ilusión de unanimidad creada por el temor a expresar la disidencia. El instrumento de esta concordia ficticia no es la violencia, sino el llamado derecho a decidir: quien está en favor del derecho a decidir no es sólo un buen catalán, sino también un auténtico demócrata; quien está en contra no es sólo un mal catalán, sino también un antidemócrata. Así las cosas, es natural que, salvo quienes sacan un rédito de ello, en Cataluña casi nadie se atreva a dudar en público de un derecho fantasmal que no ha sido argumentado, hasta donde alcanzo, por ningún teórico, ni reconocido en ningún ordenamiento jurídico; también es natural que nadie se resuelva a decir que, aunque parezca lo contrario, no hay nada menos democrático que el derecho a decidir. O, dicho de otro modo: ahora mismo, el verdadero problema en Cataluña no es una hipotética independencia, sino el derecho a decidir. Me explico. En democracia no existe el derecho a decidir sobre lo que uno quiere, indiscriminadamente. Yo no tengo derecho a decidir si me paro ante un semáforo en rojo o no: tengo que pararme. Yo no tengo derecho a decidir si pago impuestos o no: tengo que pagarlos. ¿Significa esto que en democracia no es posible decidir? No: significa que, aunque decidimos a menudo (en elecciones municipales, autonómicas y estatales), la democracia consiste en decidir dentro de la ley, concepto este que, en democracia, no es una broma, sino la única defensa de los débiles frente a los poderosos y la única garantía de que una minoría no se impondrá a la mayoría. Ahora bien, es evidente que, con la ley actual en la mano, los catalanes no podemos decidir por nuestra cuenta si queremos la independencia, porque la Constitución dice que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español (cosa nada rara: salvo la de la extinta Unión Soviética, que yo sepa, ninguna constitución ha reconocido jamás el derecho de que una parte del Estado se separe por su cuenta del resto). ¿Significa esto que los catalanes no tenemos derecho a decidir sobre nuestra independencia? A mi juicio, tampoco: si una mayoría clara e inequívoca de catalanes quiere la independencia, parece más sensato concedérsela que negársela, porque es muy peligroso, y a la larga imposible, obligar a alguien a estar donde no quiere estar. La pregunta se impone: ¿existe esa mayoría? Los partidarios del derecho a decidir sostienen que precisamente para eso, para saber si existe, es indispensable un referéndum (en este asunto, las encuestas no sirven, como comprobamos en las anteriores elecciones); pero, antes de usar ese recurso excepcional e imprevisible, cualquier político honesto y prudente usaría el recurso previsto por la ley: las elecciones. Quiero decir: unas elecciones en las que todos los partidos declaren, clara e inequívocamente, su posición sobre la independencia. En las últimas, los partidos inequívocamente independentistas (ERC más CUP) sumaron 24 diputados de 135: apenas un 17%. ¿Cuántos diputados sumarían los independentistas si en unas futuras elecciones el resto de partidos dijera con claridad si quiere la independencia o no? Eso es lo que deberíamos saber antes de tomar la vía azarosa del referéndum: si hay una mayoría de partidarios de la independencia, habrá que celebrar un referéndum; si no la hay, no. Es dudoso que vayamos a tener una respuesta a la anterior pregunta, porque CiU sabe que si defiende la independencia en unas elecciones, las perderá (y antes se habrá roto por dentro: aún no sabemos si Convergència es independentista, pero sí sabemos que Unió no lo es), así que seguirá sin decir la verdad a sus electores; en cuanto a la izquierda, todo indica que seguirá atrapada en la telaraña ideológica que le ha tejido CiU –de ahí que acepte el derecho a decidir–, cavando su propia tumba y minando la democracia. No veo otra forma de decirlo: se puede ser demócrata y estar a favor de la independencia, pero no se puede ser demócrata y estar a favor del derecho a decidir, porque el derecho a decidir no es más que una argucia conceptual, un engaño urdido por una minoría para imponer su voluntad a la mayoría.

Por si hay algún mal pensado, no leo EL PAÍS, siempre me ha parecido un periódico aburrido, hipócrita... y más cosas.
Este artículo lo he leído gracias a que alguien lo enlazó ayer en Twitter.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Presentación de Las leyes de la frontera


Si la memoria no me falla ésta ha sido la primera presentación de un libro a la que he asistido en la FNAC.
Se trataba del último libro de Javier Cercas, Las leyes de la frontera.

Presentó el acto una fulana que no se presentó, luego supimos por Javier que se llama Mariola, quien dijo que el libro de Javier Cercas había sido como un remanso de paz después de tener que ver por su trabajo Gandía Shore, pues dijo ser analista de televisión, que es un trabajo de esos que no terminas de saber en qué consiste y en qué se diferencia de crítico de televisión, si es que hay alguna diferencia.

Dijo que no le gusta nada Arcadi Espada, que no sé a santo de qué lo decía pero dijo que lo tenía que decir. Pues bueno.
Dijo que después de leer el libro te sientes más dulce, más inquieta, más alegre y feliz, eres mejor persona.

Y después dio la palabra a Carlos Marzal, poeta.


De lo que nos contó Carlos Marzal no puedo decir nada porque le escuché en diagonal, tampoco ayudó a que leyera su intervención.
Por lo menos Javier Cercas sí le hizo caso pues dijo varias veces que estaba de acuerdo con él en diferentes puntos.

Javier Cercas no compartió la presentación que de él había hecho la tal Mariola, intelectual lo había llamado.
Sí que compartió lo de reivindicar palabras -aquí citó a Faulkner pero no me dio tiempo a escribir la cita, tengo que decir que el escritor citó mucho a personajes históricos- tales como lealtad, integridad, honradez, honor, valor,...

El novelista plantea preguntas pero no da respuestas, la novela es el mejor artefacto para defendernos de responder con demasiada rapidez a las preguntas que nos planteamos.

Lo de que leer nos hace mejores no lo tiene tan claro, ni siquiera la cultura, el arte nos hace mejores. Dio ejemplos de grandes monstruos que abrazaron el arte mientras cometían verdaderas atrocidades.

Y por supuesto- dijo- eso de que el escritor tienen una superioridad moral es mentira.

Le gustó la definición que hizo Carlos Marzal del libro, un thriller existencial, dijo que en el libro se plantea una pregunta. ¿quién delató a la banda del Zarco? pero que libro no da respuestas, la respuesta es el propio libro, es el camino.

También dijo que está abierto a cualquier visión del libro, que el autor no tiene el monopolio de interpretar su novela.

Comentó que en Soldados de Salamina, novela que no he leído, descubrió dos cosas que cambiaron su forma de escribir desde entonces:
- el pasado es una dimensión del presente, nunca acaba de pasar,
- lo individual no se entiende sin lo colectivo

Y terminó diciendo que lo que siempre le habría gustado escribir son novelas del oeste.

Ya hasta aquí puedo leer porque empezaron las firmas y dedicatorias.
.