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domingo, 5 de octubre de 2014

¡Gracias!


Gracias a la cuenta de Twitter de la embajada norteamericana en Madrid me he enterado que hoy es el Día Mundial de los Docentes.
Supongo que será también el de las docentas para ser políticamente correctos. O docent@s.

Yo me quedé en cuando mi maestro era SOLO eso: mi maestro.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Cine: Beyond the Blackboard


Una maestra de 24 años intenta por vez primera afrontar sus temores iniciales y prejuicios haciendo diferencia en las vidas de los niños sin hogar a los que enseña en un aula improvisada en un refugio. 
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¿Por qué hacen películas así? Si la de ayer era normal ésta sobrepasa por mucho el límite de cursilería y sentimentalismo barato que una persona humana puede resistir. Yo pude y todavía no sé cómo lo conseguí.

A evitar, es una orden. Como diría Hugo Chávez: ¡Evítese!

sábado, 21 de septiembre de 2013

La generación mejor preparada de todos los tiempos



El otro día me quedé alucinado en el curso que estoy haciendo porque de los catorce alumnos que somos sólo yo sabía de la existencia de Oasis. El tema era la música, todos conocían a las Spice girls pero a los hermanos Gallagher no.

Claro que eso no es nada con lo del día siguiente: tampoco sabían quién es Nelson Mandela.

NOTA: Entre los catorce alumnos hay cuatro maestros de primaria y secundaria y uno de ellos siempre lleva una camiseta reivindicativa, hoy toca la marea verde, mañana la amarilla, etc.

Menos mal que no estamos de oposiciones en Madrid y hemos tocado el tema de los ríos, ja, ja.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Religión en las escuelas



Hace unas semanas salió en el periódico la noticia de que el PP estaba pensando en cambiar el tema de la religión en esta reforma educativa que no termina de salir (y que no saldrá), no teniendo en cuenta su nota para calcular la media y otros detalles.

¿Y qué mejor tema para comentarlo un sábado de agosto con unos amigos en una terracita viendo pasar chicas guapas -yo me podía fijar pero mi amigo no porque su esposa y amiga estaba presente- bajo la sombra de una sombrilla, con unas cervezas heladas?
Efectivamente, con todos esos parámetros ése debía ser el tema de conversación.

Me quedé preocupado porque los tres pensábamos lo mismo sobre la religión en las escuelas.

Mucha gente protesta diciendo que los maestros no tienen por qué ser funcionarios, que los médicos no tienen por qué ser funcionarios, que si el "estao" es muy grande, que el "estao" es muy malo... y luego dejan en manos de ese "estao" la educación religiosa de los niños.

Hace unos años mi sobrino pequeño tenía un compañero musulmán en el equipo de fútbol del colegio, a pesar de que era un colegio concertado con ideario católico.
El caso es que el niño se perdía muchos partidos y al final se borró del equipo porque su padres lo llevaban a la mezquita a recibir clases de religión.
Sus padres querían que su hijo recibiera educación religiosa y no la dejaron en manos del "estao".

Después de leer la noticia del domingo pasado en EL PAÍS se entienden muchas cosas.

miércoles, 7 de agosto de 2013

News from Australia


Certificaciones de mérito de mi sobrino pequeño en diferentes asignaturas durante sus vacaciones veraniegas en Australia.


Este es de la clase de japonés como claramente indica.

Se supone que todos son del mismo color pero no he tocado nada más que borrar el nombre -obliga la ley del menor, la Ley de protección de datos, la Ley...- y ajustar el contraste.
Dicen que son de color naranja, no lo sé, pero también hay quien dice no sé qué del azul polar y se queda tan pancha. ¡Vaya usted a saber!

NOTA: El ninot que parece que levita sobre el colegio no es mi sobrino.

viernes, 2 de agosto de 2013

Con fieles así sobran herejes

Sinvergüenza, trastornado, estúpido, payaso, tunante,...

Ya he tenido bastante.
Antes de que le llamen el anticristo y digan que celebra misas negras en San Pedro elimino el enlace a un blog, que ya no aparece en la columna de la derecha.

Respeto que cada cual tenga sus opiniones, lo que no quiere decir que respete dichas opiniones, ni que tenga que darles publicidad.

lunes, 8 de julio de 2013

Educación: cambiarlo todo para que todo siga igual


Educación: cambiarlo todo para que todo siga igual

Uno de los rituales más castizos de nuestra democracia es la enésima reforma educativa (siete en 35 años: 1980, 1985, 1992, 1995, 2002, 2006 y 2013). La ceremonia comienza con una propuesta de ley del partido mayoritario elaborada sin consenso con la oposición. Tras ella, se sigue con la pelea sobre la clase de religión y se culmina con el tira y afloja sobre las competencias autonómicas. De lo que casi no se habla es del contenido de la educación: ¿qué y cómo deben aprender los estudiantes para ser capaces de competir en el mundo en el que crecerán?
Este ritual se ha repetido de nuevo con la ley Wert. La ley tiene elementos positivos y que hemos defendido desde aquí y desde nuestro blog, NadaEsGratis. Por ejemplo, intenta reducir el abandono escolar temprano y aumentar la importancia de las matemáticas y la ciencia. Pero no incide en la cuestión clave: el protagonismo de la memorización y la rutina como método educativo.
La educación en España enfatiza la memoria, la repetición de tareas, la actitud pasiva del estudiante y la “dificultad” como un objetivo en sí mismo. Décadas de reformas y contrarreformas apenas han sido un barniz sobre este macizo pétreo del sistema. El resultado final es tristemente claro. Demasiados estudiantes españoles no saben construir un argumento, escribir, presentar en público o analizar datos. Cuando llegan a universidades extranjeras, buscan los apuntes y preguntan qué “entra” y qué “no entra” en el examen. No saben (nosotros tampoco sabíamos) hacer trabajos, leer artículos académicos, investigar con sus propios datos y llegar a conclusiones originales. Incluso los mejores estudiantes sufren de un bajo nivel de inglés y mínima iniciativa propia en el proceso de aprendizaje. Aquellos que se consuelan con el éxito de algunos de nuestros estudiantes en el extranjero (algo que, afortunadamente, ocurre cada vez más a menudo) quizá deberían preguntarse cuántos alemanes, italianos o franceses triunfan en similares situaciones por cada español al que le va bien.
Parte del problema es de medios: la educación nunca ha disfrutado en España del apoyo suficiente. Formar estudiantes creativos es más costoso que dictar apuntes. Los actuales recortes agravarán aún más la situación y ponen en peligro los muchos centros de excelencia que, a pesar de todo, han ido surgiendo en España en las tres últimas décadas.
Pero otra parte muy considerable del problema es de mentalidades. Cuando uno mira lo que estudian los niños, ve grandes listas de ríos y, año tras año, la misma historia de los fenicios que ya memorizaron en el curso anterior. Cuando se comparan estos materiales con los que se cubren en nuestros vecinos del norte de Europa, mucho más centrados en el desarrollo de habilidades analíticas, la sorpresa es significativa. Todavía se puede escuchar a profesores de universidad presumir de que en su asignatura solo aprueban el 10% de los estudiantes, lo cual, más allá de las inseguridades infantiles que tales afirmaciones reflejan, nos preocupa por el desperdicio de horas y recursos que tal práctica acarrea. Finalmente, en la cima del sistema, la selección de los altos funcionarios de las Administraciones públicas se realiza por medio de un sistema de oposiciones decimonónico donde es más importante memorizar oscuros detalles de derecho administrativo que demostrar la habilidad para contrastar hipótesis o resolver problemas.
Los rectores, supervivientes de procesos electorales demenciales, constituyen uno de los grupos de presión más reaccionarios del país
En definitiva, el sistema de aprendizaje, “repite lo que te he dicho y no cambies ni una coma”, es digno de una sociedad jerárquica en la que el saber viene de arriba y hay que “aprendérselo” todo (quizá esto explique la obsesión de unos y otros por controlar la educación para crear “adeptos”). Pero no de una sociedad donde la información está descentralizada y donde todos pueden disponer de ella y tenemos que ser capaces de encontrarla y analizarla.
Lo grave de nuestra situación es que estas mentalidades son mucho más complejas de cambiar que las carencias presupuestarias. La dificultad es que el sistema ha seleccionado para encabezar España a aquellos que mejor se han adaptado a él. Cuando explicamos a un economista (empecemos con nuestra profesión) que el grado de Economía no debe ser la acumulación de asignaturas de los más variados campos de la economía —aderezadas con Derecho y Administración de Empresas para rellenar—, sino el proceso de aprender a realizar un trabajo de investigación propio, llegando a conclusiones novedosas, se nos responde que eso no sirve para nada y que en todo caso no es lo que quieren los estudiantes. Y sí, desgraciadamente, es cierto: lo que los estudiantes exigen es que les den “los apuntes” para poderlos fotocopiar, memorizarlos y olvidarse de ellos lo más rápidamente posible. Cuando argumentamos con un ingeniero que son mejores carreras cortas, más generalistas, y que el éxito de una escuela técnica no se mide por el número de suspensos en Cálculo de primero de grado, sino en la cantidad de googles o facebooks que han creado sus alumnos, la respuesta suele ser que tales cambios “devalúan” el título (en qué consiste la “devaluación” nunca queda terriblemente claro, excepto como barrera de entrada a la profesión). Cuando tratamos de convencer a un alto funcionario de que pasarse tres años preparando una oposición no es la mejor manera de emplear el tiempo y que sistemas de selección como el británico, mucho más cortos, sencillos y basados en habilidades, se nos replica, por ejemplo, que cómo pretendemos dar una plaza de por vida a alguien que no “se ha sacrificado por ella”, respuesta fascinante desde el punto de vista antropológico, pero carente de sentido.
En consecuencia, aquellos que pueden y deberían cambiar la educación en España nunca han tenido demasiado interés en ello. Sin ir más lejos, la adopción de los planes de Bolonia fue una fantástica oportunidad perdida para ir a grados de tres años. Pero no solo son los gobernantes. Excepto en el ámbito de la dirección de empresas, las universidades privadas que ha creado la sociedad civil desde 1993 han sido decepcionantes.
Este bucle malvado se extiende como un tumor maligno y lo invade todo. La unánime reacción reciente contra los cambios en el sistema de becas solo se entiende cuando se recuerda que, por ejemplo, en las ingenierías, a menudo, se suspende a los estudiantes para demostrar no se sabe muy bien qué. Los profesores de enseñanza primaria, secundaria o terciaria desconfían de cualquier iniciativa que suponga sacarles de la manera en la que han enseñado “desde siempre” y defienden medidas como la antigüedad en el puesto para asignar plazas. Los rectores, supervivientes de procesos electorales demenciales, constituyen uno de los grupos de presión más reaccionarios del país. Los partidos, temerosos de protestas sin fin, prefieren hablar de la clase de religión como un mecanismo de movilización de sus electorados mientras los medios de comunicación acuden fascinados a reportar tales luchas.
Los que quedan abandonados en estas andanzas son, tristemente, las nuevas generaciones, que no reciben la formación necesaria y con ello hacen peligrar el futuro de España. Algunos, quizá muchos, sobrevivirán, fruto de su perseverancia o de la suerte de tener recursos financieros familiares que les permitan suplementar las carencias del sistema. Pero muchos otros, demasiados bajo cualquier métrica, se perderán en la cuneta. Esto es inaceptable. 
Jesús Fernández-Villaverde es catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania y miembro de FEDEA. Luis Garicano es catedrático de Economía y Estrategia en la London School of Economics y miembro de FEDEA.

¡Halaaaaa! Un artículo de EL PAÍS en este blog, qué fuerte.

domingo, 7 de abril de 2013

El maestro de ajedrez

Artículo de Arturo Pérez-Reverte hoy en XL Semanal: 

Visito un pequeño club de ajedrez, en una ciudad de provincias. Un lugar agradable, en cuyo salón hay una docena de mesas con tableros, piezas y relojes de juego. Por las tardes se dan clases infantiles, y la de hoy corresponde a niños de seis a diez años. Es la hora de salida del cole, y los pequeños cabroncetes llegan acompañados por los padres, con mochilas multicolores, anoraks y gorros de lana. Con sus inocentes caras de panoli, en contraste con esas miradas perspicaces a las que nada escapa. Saludos, conversaciones, risas. Bullicio. Nueve chicos y tres chicas. Se conocen de clases anteriores, y algunos vienen del mismo colegio. Bromean entre ellos, hablan con naturalidad de jugadas, ejercicios de ajedrez y partidas pasadas. Tiene gracia ver a renacuajos de seis años hablando con aplomo de mates del pastor y de reyes ahogados. Sorprende que hasta los más pequeños se comporten como veteranos, con la seguridad de quienes están familiarizados con las piezas y el tablero. También los padres cambian impresiones. No puedo evitar mirarlos con admiración. Con respeto. Nadie los obliga a que sus hijos aprendan ajedrez. Es más cómodo llevarlos a un parque, o a casa, y ahorrar los treinta euros al mes que cuestan las clases. Quienes puedan pagarlos. Pero aquí están, puntuales como cada miércoles. Dispuestos a esperar mientras sus enanos juegan. Aprenden. Cuajan. 

No se trata de hacer campeones. Mi amigo Leontxo García, paladín del ajedrez infantil, lo ha dicho muchas veces: es una estupenda actividad complementaria para los pequeños, porque es divertida y porque los acostumbra a pensar antes de hacer las cosas. Además, un niño familiarizado con este juego puede mejorar hasta un 17 por ciento su capacidad intelectual -hay conexión directa entre la lógica del ajedrez y la lógica matemática- y también su comprensión lectora, pues el tablero ayuda a interpretar signos, asociarlos y sacar conclusiones. Los padres que traen a sus hijos son conscientes de eso. Saben que así los dotan de otra herramienta útil para moverse por el territorio hostil que siempre, al cabo, resulta ser la vida. Con tres elementos añadidos, importantes para la educación de un niño: la conciencia de que existen reglas, el respeto por el adversario -en el ajedrez y en la calle siempre habrá alguien más listo que tú- y acostumbrarlo a encajar victorias y derrotas con naturalidad. Con elegancia. 

Llega el maestro de ajedrez: un individuo de aire malhumorado, sobre los cincuenta años. No tiene aspecto simpático. Con dos palmadas hace que los niños ocupen sus lugares y dispongan las piezas. Luego pide a los padres que desaparezcan. Que se larguen. Nada de ver cómo juega mi chaval, ni de nenes haciendo monerías para sus papis. El ajedrez no se juega en familia. Obedecen todos; pero como no soy padre y estoy de visita, me quedo en la puerta con algún otro progenitor, mirando de lejos. Al profesor no le hace gracia -nos dirige una mirada hostil- pero al cabo decide fingir que no nos ve. Y empieza la clase. 

Lo que asombra, desde el principio, es la disciplina. Acostumbrados como estamos a que sean los enanos quienes dan el tono, el contraste es notable. Ha bastado la presencia del profesor para que todos se callen y jueguen. Aperturas, gambitos. Todo ocurre con insólita seriedad infantil. De codos en la mesa, los niños alargan la mano para mover una pieza, miran al contrincante. El silencio y el orden son absolutos. El maestro de ajedrez pasea severo, mirando los tableros. Haciendo una indicación a este o aquel jugador. Los niños obedecen en silencio, respetuosos. Tan formales que dejan estupefacto. No puedes evitar acordarte de tus maestros de infancia, cuya sola presencia bastaba para imponer disciplina a toda una clase. Y es que, concluyes, éste es un lugar privado. Aquí no hay docencia psicopedagógica políticamente correcta, sino un maestro docto en lo suyo, disciplina y niños deseosos de aprender: alumnos voluntarios que aceptan las reglas. En críos de su edad, eso resulta tan fascinante que acabas preguntándote hasta qué punto escenas así no siguen siendo necesarias. Hasta qué punto los viejos maestros como siempre fueron -severos, sabios, infundiendo respeto-, no hacen mejores a quienes tutelan. Y cuando uno de los niños mira a otro y dice algo en voz baja, distrayéndose del juego, observo que el maestro de ajedrez se acerca y le da una ligera colleja: un pescozón de toda la vida, que devuelve la atención del chico a su tablero.Algo que en un colegio de ahora podría costar al profesor un disgusto, un expediente, un titular en los periódicos. Y que desde la puerta, en donde curiosea conmigo, el padre del niño acoge con un movimiento de cabeza resignado, y con una sonrisa.

domingo, 27 de enero de 2013

Presentación de "Sesenta kilos" de Ramón Palomar


El jueves fue la presentación de Sesenta kilos, la primera novela de Ramón Palomar, que anunció en la mesa redonda sobre novela negra en Bibliocafé.

No voy a contar gran cosa porque el resumen que hizo Las Provincias al día siguiente es bastante fiel, aunque yo hubiese reflejado más anécdotas y menos asistentes de traje y corbata.
Me entero por el periódico que estaba Gil Lázaro, con el que gracias a Dios no me encontré.

Demasiados trajes y corbatas y demasiadas figurantas.
Y muchísima, muchísima, demasiada en exceso, mala educación.
Cada dos por tres había que pedir a la gente que se callara, no desde la mesa, sino los propios asistentes a los que sí nos interesaba escuchar lo que se decía.

Más de 400 personas dice el periódico, sobraban, por lo bajo, 250. Que sí, que luego podrían haber entrado al jamoncito y al concierto del grupo Cat Club, que en la prueba de sonido sonaron francamente bien.

Que oiga, que me quedo con las presentaciones en Bibliocafé o El Corte Inglés, en las que nadie aparece para figurar.

Por último, y para no dejar un mal sabor de boca: Modesto, MacDiego y Paco Roca son unos fenómenos contando anécdotas graciosas.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Cine: Profesor Lazhar

Profesor Lazhar 
Monsieur Lazhar 
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Año: 2011 
País: Canadá 
Dirección: Philippe Falardeau Intérpretes: Fellag, Sophie Nélisse, Émilien Néron, Danielle Proulx, Brigitte Poupart, Jules Philip, Daniel Gadouas, Louis Champagne 
Argumento: Evelyne de la Chenelière (obra de teatro "Bashir Lazhar") 
Guión: Philippe Falardeau 
Música: Martin Léon 
Fotografía: Ronald Plante 
Género: Drama 
Duración: 94 minutos 
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Una escuela, en Montreal. Una profesora se ahorca en la misma aula en la que impartía clases a chicos y chicas de doce años. Simon, uno de sus alumnos, es quien la descubre. Bachir Lazhar, inmigrante argelino, lee la noticia en la prensa, y se le ocurre ofrecerse como sustituto. Tras la sorpresa inicial, la directora, que tiene lógica prisa en cubrir el puesto, le acepta. Aunque Bachir proviene de un ambiente con métodos pedagógicos muy diferentes, logrará hacerse con su clase, entendiendo los sentimientos que embargan a los chicos tras el suicidio, al tiempo que sobrelleva su personal tragedia familiar.
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Me ha gustado mucho esta película.
Y no quiero decir nada más, sólo recomendarla.

jueves, 20 de septiembre de 2012

¡Vaya valla!

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¿Qué falta en esta valla?
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Efectivamente: las pintadas, los carteles y demás basura que pueblan nuestras ciudades en Ejtepaís.
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Y no, no es un caso aislado, en Londres se están realizando muchas obras y todas, todas tenían sus vallados impolutos.
¡Qué decadentes estos british! (Modo ironía: ON)
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