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lunes, 14 de noviembre de 2011

Cine: El joven Lincoln

El joven Lincoln 
Young Mr. Lincoln 
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Año de producción: 1939 
País: EE.UU. 
Dirección: John Ford 
Intérpretes: Henry Fonda, Alice Brady, Marjorie Weaver, Arleen Whelan, Eddie Collins, Pauline Moore, Richard Cromwell, Ward Bond, Donald Meek
Guión: Lamar Trotti 
Música: Alfred Newman 
Fotografía: Bert Glennon 
Duración: 100 min. 
Género: Drama, Biográfico 
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Biografía filmada de uno de los hombres considerados en Estados Unidos como Padre de la Patria, Abraham Lincoln, durante sus años de juventud, cuando ejercía la abogacía en una pequeña capital de provincia, muchos años antes de convertirse en presidente de la nación y cambiar para siempre el destino de los Estados Unidos. John Ford se concentró en dos de los momentos claves de la juventud de Lincoln: cuando valientemente impidió un linchamiento injusto, y su competente defensa en el juicio de un inocente acusado de asesinato. 
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Una joyita del maestro Ford que ha sido minusvalorada respecto de otra grandes películas del director.
El modo de filmar el juicio sirvió de ejemplo al naciente subgénero de cine judicial.
Este mismo año, 1939, rodaría otra de sus obras maestras, La diligencia.
Además del trabajo de Henry Fonda, uno de sus actores favoritos, hay que destacar el trabajo de los secundarios, Alice Brady, como la madre de los acusados, Ward Bond como alguacil del shérif y Donald Meek como fiscal. A estos últimos los hemos podido ver en innumerables películas del director irlandés.
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Es de ese cine que te deja un buen sabor de boca.
Un clásico que regaló, sí, regalo, el periódico EL MUNDO en una serie titulada Momentos que cambiaron la historia.
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lunes, 7 de diciembre de 2009

Cine: 12

12
12
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Año de producción: 2007
País: Rusia
Dirección: Nikita Mikhalkov
Intérpretes: Sergei Makovetsky, Sergei Garmash, Aleksei Petrenko, Yuri Stoyanov, Sergei Gazarov, Nikita Mikhalkov, Valentin Gaft, Mikhail Yefremov, Aleksei Gorbunov, Sergei Artsybashev, Viktor Verzhbitsky, Roman Madyanov
Guión: Nikita Mikhalkov, Vladimir Moiseyenko, Aleksandr Novototsky
Música: Eduard Artemyev
Fotografía: Vladislav Opelyants
Duración: 159 min.
Género:
Drama, Thriller
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Ayer vi por fin esta película pues empezó a una hora razonable para su duración. Otra vez anterior desistí en el intento para no quedarme a mitad.
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Es la plasmación de esa frase que dice que las apariencias engañan.
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Hace 50 años
Sidney Lumet dirigió un intenso y dramático film judicial sobre las deliberaciones de un jurado, "Doce hombres sin piedad", a partir de un argumento ideado por Reginald Rose.
Aquí en España Gustavo Pérez Puig hizo lo propio en una memorable obra de teatro para la televisión de entonces.
El resultado, en ambos casos, rozaba la perfección, por lo que su revisitación pasado medio siglo a cargo de un cineasta ruso, Nikita Mikhalkov, sonaba a experimento peligroso o a capricho de director con pocas ideas, que trata de agarrarse a una trama sólida, de eficacia probada.
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Lo cierto es que Mikhalkov conserva el esqueleto de la narración original, pero trasladando el conjunto a la situación rusa actual, que queda enriquecido con múltiples novedades en torno a los personajes.
Así, básicamente, la historia es la misma. Un jurado, compuesto por doce hombres, todos varones, se retira a deliberar acerca de un caso de homicidio: un joven checheno está acusado de haber asesinado a su padrastro ruso. Inicialmente el grupo se toma su misión frívolamente, su deseo es acabar cuanto antes lo que consideran una tarea ingrata, que les roba su valioso tiempo. Todos están convencidos de la culpabilidad del encausado, pero en realidad no se han detenido a considerar las pruebas. Sólo cuando uno de ellos rompe la unanimidad, en un arranque de dignidad que le lleva a hacer la consideración elemental de que están juzgando a un ser humano, comienzan a sumergirse en un caso que no sólo es el del acusado. Aquello les obliga a mirarse dentro de sí mismos y ahondar en tantas heridas del alma no cicatrizadas.
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Es sorprendente lo que ha logrado Mikhalkov. Lo que parecía un artificio, situar la historia en Rusia, resulta revelador de este país. Pues se entra a considerar cómo se ha asimilado el sistema democrático, y se habla de los odios étnicos, la corrupción rusa, las desigualdades sociales, la desestructuración familiar. Y todo ello con enorme inteligencia, de modo que la introducción no resulta nada postiza. Todo lo contrario, sirve para indagar en el sentido trágico del pueblo ruso, con una magnífica contraposición de personajes, que sirve para trasladar la atención de unos a otros con gran naturalidad, muchas veces en soberbios duelos interpretativos que implican a dos o tres actores. El reparto está sobresaliente, insufla vida ya sea al tosco taxista, al cirujano de orígenes humildes, al 'nuevo rico' empresario televisivo o al tipo que siembra las dudas.
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Pero es que Mikhalkov no sólo exhibe un alto sentido dramático, o presenta una encomiable humildad al reservarse un papel pequeño, que sólo brilla hacia el final, sino que entrega un film muy cinematográfico, de perfecta fotografía, fabuloso uso del gimnasio escolar donde está reunido el jurado, e inspirada partitura musical. Los flash-backs acerca del "background" del crimen son muy reveladores y nada torpes, con momentos tan intensos como los del acusado siendo niño bailando con unos soldados chechenos. E imágenes como la pelota de baloncesto atascada en el tablero de la canasta, del pajarillo encerrado, de la tubería vista o de esa imagen de la Virgen olvidada, son muy gráficas acerca de lo mejor y lo peor de los rusos.
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Una película excepcional que no hay que comparar con la original o la obra de teatro, aunque no podamos evitar ver a Henry Fonda o a José María Rodero.
Eso sí, hay que verla en versión original. Gana mucho y no se hace nada pesado leer los cartelitos para quienes no dominamos el ruso.
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El final, que no cuento, cuando están a punto de irse tiene más enjundia que en las versiones anteriores.
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viernes, 24 de julio de 2009

Cine: Brigada homicida

Brigada homicida
Madigan (1968)
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Director: Don Siegel
Intérpretes: Richard Widmark, Henry Fonda, Inger Stevens, Harry Guardino, James Whitmore, Susan Clark, Michael Dunn, Steve Inhat.
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Vigoroso thriller dirigido por Don Siegel
y rodado en las calles de Nueva York. Allí, en su barrio hispano, el detective Madigan fracasa en su intento de detener a un sospechoso, lo que le hace recibir un ultimátum del jefe de policía que le da 72 horas para que cumpla con su deber. En este tiempo asistimos a la vida familiar de Madigan, a punto de romperse porque la esposa de éste le echa en cara que dedique más tiempo a su trabajo que a ella misma.
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Adaptación de la novela "The Commissioner", de Richard Dougherty, que, además de contar las acciones policiales hacía hincapié en los problemas íntimos de sus agentes, entre ellos el detective Madigan (
Richard Widmark) y el jefe de policía encarnado por Henry Fonda que mantiene un romance con una mujer casada (Susan Clark, 35 años más joven que el actor).
Su inesperado final causó bastante impacto en su época.
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Esta película que vi ayer, de la que he puesto el cartel del cine no la carátula del DVD, tiene dos curiosidades o por lo menos lo son para mí.
- Sólo aparece un actor negro, la película es de 1968, que hace de policía de uniforme y recibe un disparo al final de la película.
- Al principio de la película aparece el vestíbulo de la comisaría, la 23 situada en Manhattan Norte 162 East 102nd Street, y hay dos placas que indican que los detectives están en el segundo piso, un cartel está en inglés y el otro en español.
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La fotografia de Inger Stevens está sacada de este blog, un estupendo homenaje en blanco y negro a las actrices de la época dorada del cine.
A esta actriz la pudimos ver cuidando a Clint Eastwood en "Cometieron dos errores", estupenda película del oeste.
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Buscando información sobre la película he dado con el blog en español de un policía de Nueva York donde he encontrado alguna cosa curiosa como el tema de los números de las placas de los agentes.
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Para quien no lo sepa , el número de placa puede elegirse si no está ocupado por otro agente. Es muy normal que el número pase de padres a hijos o entre familiares, habiendo números en activo desde la creación del cuerpo. Tanto es así , que algunos veteranos viendo tu número saben si eres un O'Neill o un Smith. Hay una salvedad, si el número pertenece a un agente muerto en acto de servicio sólo puede usarlo un familiar.
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En el departamento de policía de San Francisco no sé si rige el mismo principio pero sólo con ver la placa con número 2211 todos sabemos de qué policía se trata, y mejor que no le alegremos el día.
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